Para hacer al individuo sagrado debemos destruir el orden social que lo crucifica, Trotsky.

 

Una oleada de multimillonarios en Estados Unidos y algunos países de Europa, la mayoría propietarios o co-inversionistas  de empresas trasnacionales o especuladores financieros, se han unido para expresar públicamente que el gobierno debería aumentar los impuestos a sus empresas, esto justo en el momento en que el sistema bancario capitalista global se tambalea frente a una crisis financiera que se ha extendido y afectado más de lo esperado. Detrás de ese posicionamiento conciliador se encuentra una visión que busca legitimar una lógica económica en declive, argumentando un fin filantrópico en defensa de la clase media trabajadora.

La bomba la puso Warren Buffet, un exitoso economista que se ha convertido en el apoyo de asesoría financiera de la administración de Barack Obama, y esta iba dirigida al mismo presidente de Estados Unidos, testigo silencioso de una crisis que se fue gestando años antes y azotó a la entrada de su gobierno. La intención de Buffet, un líder de opinión para la elite política y económica estadounidense,  fue soltar una pista no mal intencionada a Obama para que encontrara el camino que por momentos (ejemplo, las acciones que tomó el ala conservadora del partido republicado, el Tea Party, en elevar el techo fiscal para que Estados Unidos pudiera endeudarse más, oponiéndose al aumento de impuestos) se le perdía, lo que debilitó la confianza de inversores, una fuerte caída de sus mercados e incluso le mereció un bajón en su categorización de AAA por una importante calificadora, Standard and Poor’s.

Buffet conoce el sistema bancario a la perfección, lo que le ha permitido colarse rápidamente en la lista de los hombres más ricos del mundo, y sabe que quienes manejan dinero, y no servicios o productos, tienen estrategias fiscales para pagar menos impuestos de los que seguramente deberían. Su  objetivo, como lo presentó en un artículo en The New York Times, es aliviar de la responsabilidad de la crisis a las clases medias, pero sin renegociar el sistema bancario en general.

El eco de Buffet se extendió hasta Francia, donde una serie de empresarios decidieron expresar a través de un comunicado de prensa su interés en colaborar con el gobierno de Nicolas Sarkozy  pagando impuestos más altos. En una carta enviada a Le Nouvel Observateur, los empresarios muestran su preocupación de una fuga de capital del país por la evasión fiscal, lo que seguramente desaceleraría el crecimiento del país. Resurgiendo el gran miedo de las economías occidentales que la demanda llegue a ser tomada por las ofertas asiáticas. Por eso no es raro ver compañías como L’Oreal y d’Orange figurando en la lista.

Habría que mirar con detenimiento los posicionamientos de la elite económica mundial, sin olvidar que estas esferas buscan, ante todo fin, la utilidad. Es importante mencionar que una elevación en los impuestos de los grandes empresarios globales no frenará la posible caída de los mercados internacionales ni el debilitamiento de países en la Eurozona (sin contar América Latina y África) como Irlanda o Grecia,  este último por su segundo rescate en la actual crisis. Entrelíneas hay un proteccionismo y una visión que busca delimitar las fronteras comerciales, sosteniendo un sistema económico que se perfila al declive. Buffet, también conocido por sus acciones altruistas, intenta mostrar un sistema bancario capitalista con un rostro humano, sensibilizando a los que concentran el mayor poder adquisitivo del mundo, renunciando a los privilegios fiscales a favor de mantener el sistema que les dio todo. El problema puede residir en que la crisis actual no es sólo un mal manejo del sistema bancario y equivocaciones políticas de los gobiernos, sino que ha llegado al borde de su continuidad. Buffet jamás hace mención de los procesos de desindustrialización, ni de los paraísos fiscales o del abuso de grandes empresas para maquilar sus productos en países con mano de obra barata. Por eso no es extraño que haya una preocupación por parte de la elite empresarial por rescatar las economías de Europa y Estados Unidos, llevándolos a un acuerdo mediático sin precedentes (tanto en Estados Unidos como en Francia los argumentos se expresaron en la prensa, y no en el debate público) que sólo se ha presentado en medio de una crisis financieras, pero no en catástrofes ambientales, crisis de violencia, sequías o hambruna.

No habría que dudar de las buenas intenciones de los grupos dueños de las economías mundiales cuando dicen que deben ser ellos quienes tomen la responsabilidad de la crisis financiera. Pero sí habría que ver con recelo toda acción paliativa que busca aceitar la máquina que ha generado la crisis. Pensándolo como una vez dijo Michel Foucault, refiriéndose a Gilles Deleuze, identificar el fascista dentro de nosotros que nos hace aceptar la esclavitud como una forma de libertad.

 

Ale.

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