Pablo Hiriart, director del periódico La razón de México, escribió una columna que me provocó una respuesta. El título fue “Una vieja minoría autoritaria”, que pueden encontrar aquí. La respuesta no fue contestada, aunque sigo esperando que lo haga, ya que varios días después, Hiriart reconsideró su discurso contra la marcha provocada por los estudiantes de la Ibero en su texto “Escuchar a los pacíficos”.

Mi carta fue la siguiente:

Estimado Pablo Hiriart.

 Me he dado un permiso personal (casi espiritual) para escribirte esto. Lo he hecho porque he leído en tu columna “Una vieja minoría autoritaria” varias cosas que me han alarmado. Sé que un comentario por Twitter o un desplante con mis amigos no serviría de nada si no te externo lo que pienso y por qué. Y es que mi preocupación es tan grande, es tan alarmante, que dejar pasar lo que ha sido verosímil con mis ideas sería un acto de traición a mí mismo.

Las tecnologías de los medios han cambiado, la forma en que la comunicación era vertida a los ciudadanos también. Aunque desgraciadamente los periodistas y los personajes detrás de las plumas y los monitores se resisten a entender y aceptar que el viejo mundo unilateral ha dejado, o dejará, de existir.

A veces intento entender si estas columnas desesperadas de exponer a los groseros y montoneros twitteros (no es la primera que leo, Carlos Loret de Mola y Héctor Aguilar Camín se te adelantaron) son un reclamo a volver a los obsoletos procesos en los que ustedes hablaban y nosotros los escuchábamos.

¿Te ofendieron esos mensajes, los repruebas, están mal, deberían cambiar, qué flojera, imponen el miedo, puras mentiras? Ahora ya sabes lo que sentimos nosotros al prender la televisión y leer los periódicos y encontrarnos con notas llenas de mentiras y parcialidades; la impotencia que sentimos al ver que los medios manipulan la verdad a su conveniencia; la desesperación de ver a periodistas mediocres, impertinentes, precipitados y vendidos pararse frente a una pluma y un micrófono.

Así como tú reclamas ahora, nosotros también lo haremos. Es más, lo hemos empezado a hacer. Sé que es difícil ahorita, pero no te preocupes, te acostumbrarás. Nosotros lo hicimos.

Quiero ir punto por punto de acuerdo a tu texto. Espero que la calma y dedicación que le he dado en leer y revisar tu texto se vean reflejadas también en el mío. Aunque tienes toda la libertad y el derecho de mandar a la papelera mi documento y pensar que nada de esto pasó.

La dinámica entre los públicos ya no es pasiva, afortunadamente. Ese despertar, tal vez consecuencia de un cambio paradigmático de las tecnologías, no necesariamente debe responder a intereses macabros de grupos de poder. Créeme, yo no respondo a ningún partido, candidato o grupo político o fáctico, y aún así he decidido cuestionar lo que planteas. La generalización en el periodismo es tan dañina como en la política y en la vida.

Las redes sociales son una herramienta mucho más útil de lo que tu mirada parece alcanzar a ver. Y es que si te quitaras el nombre del medio en el que trabajas no serías muy diferente a un twittero o un bloguero. ¿Ves mi punto?

También veo con preocupación tu afirmación de que los regímenes totalitarios les importan más lo que se diga a través de Twitter o se grite en las calles, y no lo que pase en las urnas. No creo que puedas estar más equivocado. Tú y yo tenemos la libertad y los derechos que tenemos por grupos que decidieron salir a la calle y demandar. Algunos incluso tomando las armas. Que cuestionaron y confrontaron a los sistemas totalitarios.

Y si tu planteamiento viene por las marchas a favor de Andrés Manuel López Obrador, te recuerdo que él es sólo un candidato, no está en el poder y por lo tanto su representación totalitaria es más que una suposición arriesgada y bastante irresponsable.

Las calles son el lugar en donde se hace la política. Las urnas son el espacio que las élites políticas y mediáticas nos han hecho pensar que está la política.

Me preocupa que a los ciudadanos se nos vea como una papeleta. Que el ejercicio político de la democracia se limite a votar y regresar a la casa a esperar a que los gobiernos tomen el poder y nos seduzcan cuando estén sedientes de nosotros, cuando nos necesiten, cuando les volvamos a ser útiles. Y me preocupa que alguien desde los medios le dé más poder al poder, y que apague otras dinámicas para hacer política.

Otra afirmación preocupante es la de convertir en algo anecdótico las marchas de los estudiantes. Con un movimiento de pluma y un ejercicio de consciencia bastante superficial, has llegado a la conclusión que la organización, unión y manifestación de estudiantes de diferentes espacios e instituciones es pasajera y efímera.

¿Qué es permanente, entonces? ¿Las campañas políticas en donde por cinco meses vivimos bajo la promesa de un México mejor y diferente? ¿O tal vez sean las reformas estructurales que las cámaras y el ejecutivo parece no quieren discutir y aprobar jamás?

Sé que no somos Egipto, ni Siria, ni tampoco Libia. Pero te recuerdo que Egipto no es la Francia del siglo XVIII, Libia no es la India de Gandhi, ni Siria es la Checoslovaquia de la revolución de terciopelo.

Seguramente en Egipto los medios también tenían un Pablo Hiriart que les cuestionó de la misma manera como tú lo haces ahora, que les dijo que los cambios de los estudiantes, de los ciudadanos, de los campesinos, de los padres que han visto desaparecer a sus hijos, de los jóvenes cansados de vivir azorados por un sistemas político y televisivo que sólo tiene interés en su partido o su empresa, sólo podían ser accedidos por otros países, otras sociedades. Seguramente también los acusó de pasajeros, anecdóticos.

Triste y lamentable tu comparación.

Y no te confundas, Pablo, el cuestionamiento es un ejercicio normal y corriente en las democracias. Los medios vivieron en laureles unilaterales que ahora están viendo cuestionados, y al no saber cómo responder, los acusan de despreciar los ejercicios de la política.

Pero lo que están cuestionando, y es mejor que te acostumbres, es a la pasividad del espectador. A la irresponsabilidad de los periodistas de trasgredir la realidad y pasar inmaculados. De esa visión de que sólo la historia los juzgaría. Eso ha cambiado y la historia ya no tiene paciencia para los cuestionamientos.

Las redes sociales han hecho en 5 años los que los medios no han podido en 50, en 80, en siglos enteros. Las redes sociales les dieron voz a los públicos silenciosos que ustedes tuvieron a su merced.

¿Viste la marcha de los 132, en contra de Televisa? Ese reclamo tan válido y necesario fue la puerta de entrada a este nuevo mundo. Si no puedes con él, entonces ve reconsiderando tu trabajo, o el lugar en donde lo haces, en donde hablar no conlleva ninguna responsabilidad más allá de la satisfacción personal, y en donde las sociedades son tan pasivas e indiferentes que jamás tendrás que rendirle cuentas a nadie.

Juan M. Fernández Chico.

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