Si Karl Marx regresara de donde quiera que esté, seguramente recompondría su “Un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo”, por una que entonara con la realidad actual: “Un fantasma recorre el capitalismo, el fantasma del capitalismo”. Seguramente lo haría después de ver las sacudidas emprendidas en diferentes partes del mundo contra los emblemas del capitalismo (Wall Street, el Fondo Monetario Internacional, la Organización Mundial del Comercio, las páginas Web de compañías trasnacionales y las filtraciones de Wikileaks), sumadas a una crisis financiera que está hundiendo económicamente a Europa, que ha llevado a Estados Unidos a exceder el techo fiscal de manera histórica y que ha comenzado a reflejarse en América Latina a través de venta de créditos tóxicos (la misma razón que gestó la terrible recesión estadounidense a la salida de la administración de George W. Bush).

Porque algo que seguramente sorprendería a una de las mentes que mejor entendió la dinámica que tendría el capitalismo, es ver cómo ese sistema de producción y organización económica que saldría victorioso de muchas batallas, está próximo de perder la que está enfrentando consigo mismo. Seguramente muchos analistas tendrán sus reservas sobre dictaminar una prematura muerte del capitalismo, pero tal vez no tantas sobre el inminente fracaso del sistema bancario y la reconfiguración de la bolsa y la manera en la que se ve a los mercados (es decir, a la personas que somos los mercados). En el sentido que sean los bancos quienes administren y distribuyan el dinero público, principalmente por dos razones: las empresas a las que avalan han comenzado a desmoronarse, principalmente en Estados Unidos y Europa; y la poca fiabilidad que han conseguido tener en los últimos años, en específico las instituciones estadounidenses que distribuyeron créditos impagables, construyendo una base con que la pretendieron sostenerse por medio de deudas, y que, sumado a esto, lo llevó de rodillas a pedir préstamos al gobierno sin salir sin un rasguño. Cosa que no ha pasado impune frente a los miles de desempleados e indignados que ahora demuestran su justificado descontento en Wallstreet.

Pero seguramente esto no tendría mayor relevancia sino se conjugara con los desastres que impactan directamente en las personas, como es el aumento de desempleados (sólo en España ya llega a 4 millones), aumento en la pérdida de bienes inmuebles, principalmente casas, la vulnerabilidad de millones ante la salud, vivienda, alimentación, etc.

Ese fantasma llamado capitalismo se ha ido debilitando rápidamente en poco más de una década, no sólo como un acto de veracidad vencida ante pequeños consumidores y productores, que somos una apabullante mayoría, sino por su incapacidad de resolver los problemas que genera. Tim Jackson escribió que lo más dañino de este sistema económico, es que se basa en una acumulación insaciable, en donde si no creces, despareces.

Valdría mencionar por último la mutación de las manifestaciones en Seattle de 1999, contra la OMC, a los recientes plantones en Wall Street, y es que ahora se ha ido al motor del capitalismo: el distrito financiero, el corazón del sistema bancario y del neoliberalismo. Este cambio de paralaje es uno de los aciertos más importantes en esta carrera que ya ha comenzado, y que seguramente sería el argumento más contundente para que Marx dijera “Un fantasma recorre el capitalismo”.

Miriam.

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