Harold Camping ha entrado a la historia de lo ridículo en diferentes momentos de su vida. Todos por la misma razón: sus fallidas predicciones del fin de los tiempos. El 21 de octubre de 2011 sería la cuarta. Otras veces fueron en 1988; 1994, una de las más convincentes porque llegó a publicar un libro titulado 1994?; y 2011, la más mediática. Incluso fue ironizado, o eso creo yo, en la película Los cazafantasmas. En el supuesto programa del personaje interpretado por Bill Murray aparece un delgado y nervioso hombre que acaba de publicar un libro sobre el fin del mundo. Así de importante es.

Actualmente es cabeza de un modesto grupo radiofónico cristiano asentado en California. Desde ahí transmite a todo Estados Unidos desde otras estaciones locales, además de tener proyección internacional a través de Internet. No es un líder de opinión, ni siquiera entre grupos cristianos. Su fama se debe, principalmente, a sus predicciones basadas en estudios matemáticos de la Biblia (lo que lo convierte en un valuarte del scrap de la cultura popular estadounidense). Pocos como él se han atrevido a tremenda barbaridad. Pero mientras alguien lo compre, el seguramente seguirá escribiendo. Michel Foucault dijo que mientras haya oídos dispuestos a escuchar ciertos discursos, estos seguirán existiendo.

Es importante que haga una aclaración en este punto. Yo no soy religioso, y no practico ningún tipo de culto. Diría que no creo en Dios, pero no me consta su inexistencia. Me voy más por el camino que la vida es un accidente biológico. Es decir que poco o nada me importan las predicciones de Harold Camping. Por lo que el 20 de mayo de 2011 (un día antes a la fecha que Camping aseguró era el fin definitivo del mundo), yo estaba muy cómodo leyendo en mi casa pensando en los trabajos de la siguiente semana.

Esto, claro está, no me eximía de ser testigo del enorme revuelo que generó su última predicción. La última antes de la del 21 de octubre de este año, que es una patada de ahogado para conservar la poquísima integridad que le queda. Como me ocurre normalmente con estas noticias que sólo Milenio y El Universal presentan en sus suplementos de material residual, me enteré por Facebook. Alguien posteó que el mundo se acabaría el 21 de mayo. Luego alguien más, y otro, y otro. Cosa que me llamó la atención. Así que lo busqué, y me encontré con la página de Family Radio, el grupo radiofónico de Harold Camping. Rodeado de un azul profundo, y con unas letras que me recordaron a uno de esos periódicos de los treintas en Estados Unidos, venía la fecha: 21 de mayo de 2011, y pegado la frase: El día del juicio final. Abajo, una serie de fotografías de los panorámicos, carteles y publicidad móvil a lo largo del mundo. Y cuando digo el mundo, me refiero a países que ni siquiera sabía que existían en África y Asia.

El fenómeno me pareció fascinante, así que busqué más. Quería conocer a la mente detrás de todo. Había páginas espejo que repetían cada una de las palabras de Family Radio. Grupos en redes sociales, gente que había donado todo su dinero al grupo de Harold Camping buscando su salvación, periódicos y medios con un alto impacto internacional que abordaban el tema, como fue la revista Time (el último empujón que me llevó a la búsqueda de más información sobre el suceso).

Por supuesto que me pregunté: ¿Todo esto por un anciano de noventa años con una estación de radio en Oakland, California, mantenida por el dinero que donan los escuchas? ¿Todo generado por un hombre que había sido acusado de charlatán, mentiroso, ladrón y oportunista, 17 años antes?

Tal vez ahora suene poco prometedor, pero ese viejo que se pone con una calculadora en una mano y la Biblia en la otra, puso a una gran parte de la población (sería interesante saber cuántas en total) en un dilema de alcance internacional. Muchos, incluso no creyente, no pudieron resistir sentirse apabullados por la cantidad de información que los medios filtraban entre sus notas. La revista Time, por ejemplo, dedicó dos artículos a la predicción de Harold Camping.

¿Qué hizo ese incipiente y aburrido señor para colarse en los grandes medios, para salir en los noticiarios estelares de los canales más importantes de Estados Unidos? ¿Qué mentira, entre las muchas que circulan por el mundo, nos vendió con tanta seguridad que logró sobresalir de las demás?

La gran enseñanza que me deja ese monótono viejecillo de dientes blancos y grandes es que los medios pueden estar al servicio de nosotros, les guste o no, dispuestos a comprar la basura más engañosa y poco original del mundo, y que la exclusividad de los medios a veces se convierte en una cortina de humo que cualquier loco, con sus locas ideas, puede aprovechar a su favor.

Ale.

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