Ninguna ciudad es suficientemente pequeña para no verla. Si nos preguntamos por qué y cómo las grandes ciudades se han convertido en los focos creativos de los países, la respuesta terminará, desgraciadamente, en el poder y el dinero. Ninguna ciudad, incluida Juárez, es demasiado incipiente como para que los ojos que la ven sean sólo los de los hombres de traje negro que llevan el portafolio con dinero en la mano, aunque siempre termina siendo lo contrario. Es triste, pero es la verdad. Las ciudades pequeñas, las que tradicionalmente se les ha visto como de paso y que lo único que alojan son malas noticias, son rentables como tema de película, no para que ellas mismas cuenten su historia.

Hace unos días, el Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE) mostró su interés en grabar cuatro (o cinco, depende de dónde lo lean) películas en territorio chihuahuense, lo que no sólo impulsaría al cine nacional, sino el desarrollo económico del estado, pues el 70% de los gastos se quedarían aquí. Es decir, que los inadaptados y bárbaros norteños que no están acostumbrados más que a ver cámaras de video en quinceañeras y bodas, ahora se toparán con una Red Cam o incluso una Panavision de 35mm. Pero si eso  no se les hace suficiente a los empresarios del estado, que seguramente jamás verán Año bisiesto o no les cruza ni por la cabeza quién es Guillermo Arriaga, tal vez sí lo haga conocer a Eva Longoria (que no quiero ni pensar el largo y tortuoso proceso en el que todos van y rinden tributo, la invitan a cenar y la pasean por los lugares típicos del estado).

Tal vez sea momento de gritar un poco más fuerte, y recordarles a quienes haya que recordar, que las colonias españolas se terminaron hace varios años (doscientos, de acuerdo a la postura oficial). El cine es buen vehículo para decir y reclamar cosas, pero mientras la gente del dinero y el poder (otra vez esa mala combinación) sólo tengan oídos para el extranjero que le gusta cambiar espejos por oro, entonces estamos jodidos, pero bien jodidos. Las ciudades pequeñas como Juárez, que son el termómetro de la violencia del país, se han acostumbrado a pedir las cosas de rodillas, lo que sin duda a muchos buenos amigos, y otros no tanto, no les cae para nada en gracias seguir haciéndolo, me incluyo yo. Pero esas parecen ser las únicas reglas en un juego donde el tablero nos queda muy lejos, y que cuando se acerca, es sólo para volvernos espectadores silenciosos.

¿Pondremos en nuestro curriculum el papel de extra en la película Bonus day que será financiada por el IMCINE y grabada en Chihuahua? Porque yo no, y si los que tienen el canon del arte están buscando burros de carga para llevarlos del hotel al set de grabación, entonces se equivocaron de público.

¿Quieren un consejo? Vengan sin tanto alarde, sin decirle a los dueños del estado, que lo han explotado a su antojo para enriquecer sus cuentas de banco, que vienen a apoyar el cine (seguramente están pensando en la trilogía de Tizoc o el origen tarahumara perdido de la India María). Si se quieren vender al mejor postor, háganlo en nombre de lo que son realmente: burócratas, y dejen limpio uno de los vehículos más bellos y profundos para narrarnos (esto lo digo yo, con toda la implicación que conlleve).

AG.

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