Pues, en efecto, acepta una nefasta división de trabajo, ya que, mientras unos piensan, otros actúan. Y así todo queda dispuesto para que la historia continúe con su maldad, Rüdiger Safranski.

No parece haber nada extraño entre los históricos pactos entre el demonio y la humanidad por conocer lo que Dios les ha negado. La ley, dice Pablo en una carta a los Romanos, es la que genera la transgresión, no al revés. ¿Existe la ley por el pecado, o es el pecado el resultado de la ley? Cuando la manzana del árbol de la ciencia cae en manos de Adán por conducto de Eva, los que son castigados, por sí mismos y Dios, son ellos, y no la víbora que se arrastró sigilosamente del tribunal que acontecía en el paraíso. El castigo: la tierra, el sudor, la sangre, el esfuerzo, la muerte. ¿Cuál es la ironía de la historia? Seguramente un Dios celoso de que su obra le igualara en cuanto conocimiento. Si es así, entonces ese Dios creador es bastante ingenuo. Tal vez. Pero pensemos que esa ingenuidad no recae por la poca docilidad de su creación, sino de la violación del proceso natural. Pensemos en esto: ¿qué tal si Dios no castigó a Adán y Eva por su ambición de igualar a Dios, sino por no respetar el proceso de formación que les costaría llegar al conocimiento? Pensar, en lugar de actuar, diría Schopenhauer. Mientras unos piensan, otros simplemente actúan. Pensar es tan esencial, que incluso el mismo Dios les cayó a palos a Adán y Eva cuando lo único que hicieron fue lo segundo: actuar. Comer del árbol de la ciencia, era querer escapar del proceso intelectual que conlleva la vida. Como el hombre que observa el Aleph (ese objeto en donde se encuentran todas las cosas que existen en el universo) en el cuento de Jorge Luis Borges: saberlo todo, sin vivirlo, es no vivir.

Si no respetamos los procesos, el final siempre será triste: nos encontraremos expulsados del paraíso porque actuamos, sin pensar. ¿No pasa lo mismo con el Festival Internacional Chihuahua? Si no entendemos que para llegar a eso, debíamos pasar por un proceso formativo, ¿entonces para quién va todo esto? Juárez se cae a pedazos, hay más bares que galerías de arte (ahora con mis dudas, por eso de las cuotas). La universidad de Juárez a veces tiene más la política de industria maquiladora y no la de darle seres pensantes al mundo, los burócratas de la cultura no tiene un objetivo claro de lo que hacen (no piensan), sólo lo hacen (y miren que sé de eso). El proceso de llegar a lo grande, a través de lo pequeño, a muchos les parece un juego y prefieren salteárselo. ¿O a quién de ustedes se le preguntó si querían ese festival? Ese es el problema: se tira la piedra, y se esconde la mano, la cultura es política, y la política en este país hace mucho que perdió credibilidad.

Creer que la cultura y la educación van  a salvar a México, es como creer en los reyes magos. No se necesita más cultura, sino más inteligencias sensible. Que te den con el dedo en la boca cada año, que te atiborren de actividades culturales de países con economías peores que la nuestra y con índices de pobreza superiores a los de México, ¿no nos debería hacer sentir un poquito apenados?

¿Cuánto se invierte en el FICH? ¿No sería bueno que esa cantidad se destinara a grupos regionales que producen arte, o la creación de públicos, o rehabilitación de espacios, que sé yo? Pero bueno, ese es el problema de no respetar los procesos.

Y es que en algo tiene lógica lo que pasa, el estado, Chihuahua, y algunas de sus ciudades, en especial Juárez, gozan de una fama terrible a nivel nacional e internacional. Pero, vamos, un festival de cultura no hará que eso cambie. Seguramente lo que sí lo hará es un director del estado nominado en Sundance o una película compitiendo en Cannes o una obra de teatro en Alemania o Francia. Eso sí pondría el nombre de la ciudad en los cielos, no la terraza veraniega de un burócrata cultural. En otras palabras: una fiesta burocrática nunca será plausible ante el esfuerzo de la creación. Hasta donde yo sé, no hay ningún Ariel para el mejor burócrata.

Pero ojo, no estoy en contra del FICH. Al contrario, la mejor obra de teatro que he visto en mi vida, fue parte de la programación del festival. Pero me gustaría, nada me gustaría más, que alguien en otro lugar, en otro festival, en otro país, diga lo mismo de algo que yo hice. Pero mientras nos sigamos comiendo la manzana de la ciencia, seguiremos recriminando el por qué lo tenemos todo, y no sabemos nada.

Un día le preguntaron a Lenin que prefería, una mujer o una amante, y él contestó que las dos. Pero, ¿por qué las dos?, le preguntaron. Para decirles a mi esposa que voy con mi amante, y a la amante que voy con mi esposa, respondió, así, el tiempo que no esté con ninguna de las dos, lo dedicará a trabajar, trabajar, trabajar.

Creo que es momento de eso, de sentarnos y pensar, y ver que las cosas no crecen de arriba hacia abajo, sino al revés. Construir quiere decir cimentar y luego levantar. Pero mientras haya quienes nos vean como niños que idealizan a superman, y no como adultos dispuestos a ponerse a trabajar juntos, no iremos a ningún lado, y seguiremos teniendo nuestra sopa cultural anual para aplacar esas ganas malditas de huir a cualquier lado.

A.G.

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