Miro a mi alrededor. Lo que veo es tan similar a mí y tan diferente. John N. Thompson, en su libro sobre coevolución, dice que estamos más cerca de todas las especies que habitan en el mundo de lo que creemos. Compartimos casi la misma estructura genética de todos los mamíferos de la tierra, mi cuerpo tiene la misma cantidad de partículas que un cuerpo a muchos kilómetros de distancia, incluso uno que ya está muerto, los elementos que necesito para vivir se encuentran hasta en las galaxias más lejanas.

Recuerdo esta frase de la película I love Huckabees: ¿en dónde termina mi nariz y comienza el universo? No sé. Alejandro Jodorowsky se hacía la misma pregunta a través de sus fabulas: si un hombre entra al mar, ¿cómo saber que su cuerpo sumergido no es una extensión del agua?

¿No es la vida un fenómeno biológico sobrevalorado? Lynn Margulis, a diferencia de Charles Darwin, dice que la cooperación entre especies es la que permite la vida. Una célula que transforma el alimento con una que transforma el oxígeno.

Qué simple.

Y digo que la vida es un fenómeno sobrevalorado porque somos el resultado de un accidente. ¿Pero no es todo, más allá de la misma vida, también un accidente? Jorge Wagensberg, en La rebelión de las formas, llama a la incertidumbre como la mayor fuerza de resultados. Es decir, la incertidumbre de que todo puede ser y no. De que es por muchas razones, y tantas, que si una faltara, ya no sería lo que es. Así de delicado.

Tan simple también.

Las dos células de Margulis también se movieron bajo acuerdos inexistentes de incertidumbre.

Entonces, ¿dónde termina mi nariz y comienza el universo? ¿De qué material ajeno a este mundo puedo estar hecho como para pensar que soy sólo el tiempo de mi vida, que ser es esto que me empeña a pensar que soy tan diferente, tan único?

De nuevo veo a mi alrededor. No necesito ver con demasiada profundidad. Mi mano es como la piedra de la montaña. Las dos comparten algo dentro de ellas.

Tal vez por eso la vida es un fenómeno biológico sobrevalorado, como dijo el Dr. Manhattan en la novela gráfica de Alan Moore, una manera en que se expresa el caminar de las cosas.

ale.

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