Tal vez ya no me quede mucho tiempo. Pero, ¿es que cuándo hemos tenido tiempo? Lo que tenemos es una vida para llenarla de cosas, de personas, de días buenos y días malos. Tenemos una vida que se parece más a una canasta de mimbre. Entonces, a veces, cuando miro dentro, y veo todas esas cosas acomodadas sin ningún orden en mi canasta, me siento aliviado. Aliviado de cargar tan poco y mucho a la vez. De meter con la misma libertad con la que saco cosas.

Si muero pronto, que tal vez sea pronto, o tal vez sea nunca, quiero saber que jamás dejé de pensar en lo que busqué siempre: la eternidad. Pero no la eternidad de la vida que me prosigue, sino la que me queda aquí. Que sea como lo que una vez dijo Elena Garro, “Yo soy sólo memoria, y la memoria que de mí se tenga”. Como dice Thoreau, un lector de eternidades.

Si muero pronto, es decir, si muero, es porque no me he llevado nada. Porque voy tranquilo, sin prisa. Porque lo único que me lleva de la mano es el mismo destino que me trajo aquí. Solo y lleno de alegría.

Si muero pronto, entonces es porque era el lugar donde debía morir.

“M” is for moustache.

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