De un tiempo para acá, es decir, un gran tiempo para acá, la economía parece ser lo único serio en las ciencias sociales. Max Weber, autor de Economía y sociedad, cuando pensaba en la sociología, lo único que veía era economía, escribe Wolf Lepenies en Las tres culturas. Y aunque parezca que lo digo con un halo de tristeza, no es nada con lo que se avecina: es sólo una punta de lanza que se ha vuelto inherente en la gran parte de la humanidad. Si hay crisis económica, hay crisis humana. Así de indispensable se ha vuelto.

Estaba leyendo un artículo en la revista Times que de acuerdo al incremento de la propagación de crisis económica, hubo un aumento en la compra de armas en Estados Unidos. Tal vez éste breve fragmento del artículo, citando a una jovencita de 27 años que acababa de comprar un arma, aclare las cosas: “The economy played a large part in my decision,” says Baker, 27. “When people don’t have jobs, they might go breaking into people’s homes. I want to be safe in my home.”

Recuerdo las palabras de Raúl Flores Simental, que cuando la gente tiene hambre, es capaz de hacer cosas violentas. Tal vez tenía razón, aunque todavía no estoy muy consciente de qué tanta hambre puede tener esta gente en un país tan rico (encima de la mayoría del resto del mundo).

Estando en Barcelona, recuerdo que me topé con notas periodísticas impresionantes: padres de familia, normalmente de clases altas, que se suicidaban por haber perdido su trabajo, que mataban a  su esposa e hijos por lo mismo, o que entraban en depresiones por no poder mantener un estilo de vida.

De acuerdo al artículo, una de las razones para que se detonara la compra de armas se debió a la entrada del presidente Obama, quien probablemente, se pensó, regularía de manera más estricta la compra y venta de armas (de manera más estricta a la de Bush). La otra queda más que claro con el ejemplo propuesto por la revista, donde una madre justifica la compra de armas de su hijo debido a que la policía, con la explosión de la crisis económica, no podría defender a la sociedad.

Ignacio Ramonet escribió que había tres razones para explicar esta crisis: créditos vencidos, demanda alimenticia y crisis energética. La primera, porque los grandes bancos, principalmente de Estados Unidos, otorgaron créditos que no podían ser pagados por los deudores. Mientras la crisis alimenticia tiene que ver con más gente pidiendo más comida: que ya no le era suficiente media comida al día, sino una completa, incluso dos (sumando al incremento de la población, y tomando en cuenta que el año pasado, de acuerdo a informes de la ONU, había más de 900 millones  de personas sufriendo hambruna). Y, por último, el incremento de los combustibles, principalmente el petróleo, condenando a la industria de producción y distribución. Tal vez lo que Ramonet trata de decirnos es que esta es la crisis más democrática (pero, vamos, no hay nada democrático realmente, porque sólo se reacomodan las escalas sociales y económicas con los de abajo y arriba). Pero y si sí, y si realmente es el momento de una equidad a la mala, con sus consecuencias terribles.

No, mejor no.

Volvamos al artículo de Times. Esto me recuerda a lo que un conductor de radio de apellido Turner, famoso por sus ideas conspirativas, daba como recomendaciones para este año, cuando la crisis económica pegara de manera tajante, comprar un arma. Su idea era defenderse de los pobres que seguramente irían a robar pan y agua de las casas ricas. Lo que Turner no sabía cuando dijo esto, es que la gente pobre, normalmente, ya hacía esto ¿Por qué?, bueno, porque ellos ya viven diariamente en crisis. Lo que Turner tampoco sabía, es que el que probablemente entraría a robar sería el ex ejecutivo de una gran compañía inmobiliaria, y que no iría a robar pan y agua, sino una televisión de pantalla plana o un traje negro bastante caro

A mí lo único que me suena de todo esto es que la crisis económica, como se legitimó hace muchos años, cuando el lado social quedó desplazado por el económico (arreglar la estructura para que ella arregle a las personas), es el ruido detrás del silencio: la voz que se dedica a escuchar. Es verdad, qué terrible es la crisis, pero nada como pensar que perder lo que se tiene es perderlo todo.

Slavoj Žižek dice que el racismo tiene como base la envidia del goce del otro: saber que gozas cuando yo no, me hace ir a quitarte o estigmatizar tu gozo. En otro sentido: cuando todo vaya mal, seguramente tú sentirás envidia de lo que aún conservo, por eso necesito un arma. O tomar la enseñanza que las teorías de la conspiración nos han dejado: no importa que sea verdad o mentira, con el simple hecho de crear una versión alternativa es que nos encontramos en un estado paranoico.

Por eso, como decía Henry Miller: no tengo nada, y soy el hombre más feliz de mundo. Y es que estos que compran armas, con el velo de la crisis económica por encima, son como lo dicho por Facundo Cabrál: el conquistador, por cuidar su conquista, se vuelve esclavo de lo que conquistó, es decir, por joder se jodió. ¿Y no es lo mismo con esta actitud de los países ricos que han logrado su riqueza gracias a la pobreza de los demás países (eso que Marx llamó la desacomulación originaria) y que ahora creen que porque ellos están viendo la pobreza más cerca es porque sus logros a costa de ellos están en juego?

Tal vez sí, y ojalá que así fuera.

Foto, Alejandra.

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