Debemos referirnos a la memoria del pasado que es proléptica, que muere literalmente para renacer; y protegernos de un futuro vano y jactancioso que cree que su tiempo ha llegado irrevocablemente, y que el presente es su destino exclusivo y su solitario dominio.

Homi K. Bhabha.

Un hombre ha olvidado un momento de su vida. Recuerda todo lo que rodea a ese momento con sumo detalle. Pero cualquier cosa, cualquier punto fugaz que se acerque a él, es sólo una ilusión. Desde hace años, en las noches, cuando duerme sueña que está en el mar, flotando, con la punta de los pies saliendo de la superficie. Está desnudo, y sus ojos se clavan en la negra oscuridad del cielo. A ambos lados están dos compañeros que apenas y logra reconocer. De repente, el cielo se ilumina en amarillo: luces de bengala han sido lanzadas en el aire, como una señal divina para volver a las armas. Se viste y camina por una ciudad derrumbada, hecha añicos, hasta el polvo, cargando un rifle en la mano. Dobla la esquina y aparecen ríos de mujeres llorando. Sin estar completamente seguro, sabe que lloran por la muerte de alguien.

Waltz with Bashir (2008), dirigida por Ari Folman es una película que trata sobre el recorrido de un ex soldado a través de su memoria perdida que intervino en Líbano en 1982, por parte de Israel, y estuvo presente en la matanza de palestinos refugiados por parte del grupo de la Falange Cristiana del Líbano justo después de la muerte del carismático presidente Bashir en manos de radicales palestinos. Un día, sentando con un amigo en un bar, éste le pregunta si tiene imágenes recurrentes de cuando estuvo en la guerra. La respuesta es un no preocupante: sólo recuerda la escena del mar y no está tan seguro que sea real. No recuerda nada más. Sabe que estuvo en Beirut, que fue a la guerra y regresó, pero fuera de eso nada, como si se hubiera borrado. Gérard Wajcman, en El objeto del siglo, nos recuerda a Simónides de Ceos, un poeta reconocido por su impresionante memoria, quien es testigo de un terremoto que acabó con todas las personas que estaban en un teatro celebrando una fiesta. Simónides, quien había salido unos segundos antes, se paseó por el lugar, dando nombre a cada una de las ruinas que ahora sepultaban un cuerpo debajo (Wajcman, 2001: 15). La memoria con la que traía a la vida los poemas del ayer, daban voz al silencio de los muertos que yacían en el lugar.

En Waltz with Bashir, el ex soldado sigue los pasos contrarios al hombre de la memoria: ha olvidado y necesita, a través de las ruinas, recuperar la memoria perdida. Por eso Wajcman nos dice que la ruina es el lugar en donde converge toda la memoria del tiempo de todos los tiempos. Su preocupación lo lleva a seguir un rastro que apenas puede reconocer. Visitando a viejos compañeros de guerra, personas que estuvieron con él y testimonios de desconocidos, construye esa memoria del olvido. Las ruinas que se habían fragmentado con el tiempo, ahora volvían a ser construidas. ¿No es este sujeto el prototipo para efectuar lo que Wajcman llama el “crimen del siglo”, en donde el momento histórico humano más atroz se hace creer que nunca pasó? (Wajcman, 2001: 20). El pasado se ha perdido, se abstrae en un solo recuerdo que bien podría ser una ilusión.

El antropólogo francés Marc Augé nos recuerda que los “lugares de memoria” se han desplazado a ser no-lugares (o “lugares del olvido” o “vaciados de memoria”) por la sobremodernidad, en donde ya no existe el tiempo, sino la transición de un espacio a otro (Augé, 2000: 83). Por eso nos dice Wajcman que los museos del siglo XX deberían tener un letrero en la entrada, un aviso a todos los que le visiten: “se ruega mirar la ausencia” (Wajcman, 2001: 207). En Waltz with Bashir, sería mirar el olvido para no dejar que desaparezca. Pero no como esculturas memorísticas (un ejemplo es Jochen Grez, con esculturas que buscan la recuperación de la memoria a través de la ausencia, pues, dice Wajcman, las esculturas dicen abiertamente: olviden, pues nosotros recordaremos por ustedes).

Manuel Cruz, filósofo español, dice en De la dificultad de vivir juntos: “No se trata -valga la simplificación-de recordar más, sino de vivir mejor. Es a este horizonte al que debería apuntar toda forma de memoria” (Cruz, 2007: 76). ¿No es lo mismo que nos recuerda el filósofo Slavoj Žižek en su libro Visión de paralaje, que el acto de no-creer tiene como base el que alguien más crea por nosotros? (Žižek, 2006).

Waltz with Bashir es memoria. Es verdad, la memoria del silencio, por eso, como en Nuestra música, del director francés Jean-Luc Godard, que está dividido dantescamente en tres partes: el infierno, el purgatorio y el cielo, el primero de estos son imágenes recurrentes de la guerra real, al final, cuando por fin la memoria regresa, vemos la vida como es, como fue. Se deja el formato de animación (la película está en 3-D) y vemos videos caseros de la masacre. Recordar la guerra para que no muera, para que vivamos con ella, y a pesar de ella, pensando que la memoria del silencio siempre permanece cuando callamos.

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