Primero tuviste (o, mejor dicho, tienes) que haber sido un mal escritor. De esos en los que nadie cree.

También necesitas salir del laberinto iniciado en el siglo XI y no tener miedo a volverte loco, la locura es lo más normal, y, por supuesto, a poner el oído sobre cualquier otro órgano.

Es necesario papel, de baño, o amarillo, o periódico: el papel siempre es importante.

Debes leer. Gabriel Zaid dice que cualquiera puede escribir, pero pocos saben leer.

Escribir es un trabajo, y que nadie te diga que hay dones e inspiraciones divinas. Escribir es algo de todos los días, aprovecha los espacios en donde se puede escribir.

Piensa en el tercero ausente, no al que va dirigido lo que escribes (que ya te conoce, o sabe más o menos por dónde va lo que estás haciendo), sino a ese que no sabe de ti, que eres un anónimo con nombre. El tercero ausente nunca debe ser olvidado cuando escribas.

Aprende a escuchar los silencios, al final, escribir es eso: traducir algo que no se ha dicho dentro de una ausencia.

Nadie sabe bien qué es ser un buen escritor. Hay buenos y malo, y todos son capaces de dar consejos.

Escribir es darle vuelta al mundo, y todos deberían, como dice Homi K. Bhabha, tener ese derecho.

Rita Banerji, The letter writer.

Anuncios