Despertar. Lo primero que vemos al despertar es la oscuridad detrás de nuestros parpados. Todo lo demás viene por añadidura. Como si los ojos, recién descubiertos, inventaran el mundo. Lo construyeran con bloques de realidad que poco a poco van dando forma a lo que vemos. Despertar es sólo el primer paso de una complicada lista de pendientes del día. Respirar, tragar saliva, comer, caminar. Luego viene la articulación de palabras: cada fonema es una experiencia nueva, inventada en el momento en que ocurre. Se hilan nuevas palabras hasta formar una oración. Luego se comparten, y se pasa a un nuevo estado de vida: se escucha, y luego se habla de nuevo, construyendo frases sencillas o complicadas. Se habla del clima o la comida, de un libro, de la gente, de la película de ayer.

Se sale a la calle en busca del camino indicado. Las opciones son infinitas, se podría tomar cualquier dirección, formulándola con otras direcciones que luego darían resultados nuevas fórmulas. Se podría construir un mapa con los pies sólo yendo por las calles, marcando los sitios en donde estamos y las direcciones que tomamos. Se puede coger el camión o el metro (si en donde estamos hay camiones o metro), luego se anda por la calle moviendo los pies de atrás para adelante. Los dedos se aprietan cuando se hace el esfuerzo de arrastrar la pierna, y luego el glúteo sirve como liga para conservar el ritmo.

Nos podemos detener y seguir: cada paso es una sensación definitiva, decisiones que conforman una red de opciones y caminos.

Luego se sienta uno en el parque. Mira las aves, o los niños corriendo. De nuevo se construyen mundos que no responden más que a impulsos impredecibles de niños que van por un lado a otro, sin la sensación de que alguien les diga dónde.

Pero todo comienza con despertar. Luego pasa por procesos caóticos de construcciones. Se puede ir por cualquier lugar, decir cualquier cosa, sentir o dejar de sentir (si se tiene la habilidad para hacerlo) de cualquier sensación.

Cuando nos sentamos a escuchar la historia de nuestra vida, vemos el resultado de un caos constante. Espacios de incertidumbre que van poco a poco construyendo la historia.

Negri decía que los instantes son eternos espacios de historia: ¿quién construye su vida desde la totalidad?

La vida es un caos entrometido. Es la sensación de que por aquí ya anduve, pero con la mente despejada de cualquier duda que así fue.

Anuncios