Los reconocimientos artísticos son impulsados por guiños. Arte y cultura, se debería de decir en términos burocráticos. La aseveración viene de la mano por ese desden, por no decirle peor, a los reconocimientos de las personas involucradas en el arte (y la cultura). Que si nos vamos por ahí, también se engloba la paz. O eso por lo menos es lo que parece decirnos el comité dictaminador del premio Nobel, uno de los reconocimientos occidentales más importantes a nivel mundial. En términos más vulgares, los Oscares del conocimiento.

Pero a diferente de la política de Estado, es decir, la política de las clases políticas, de los administradores públicos del poder (por, disculpen la redundancia, no decir algo más grosero), el arte y la cultura son sólo simbolismos masturbatorios que poco o nada inciden en esa política de Estado. Las lecturas y reflexiones profundas de los artistas terminan en el fondo del bote de basura de las y los grandes líderes mundiales. La razón es que el arte en la política ha hecho, y no tanto por los artistas, aunque no son ajenos, de sus expresiones y decisiones un gesto, un palmada en la espalda. ¿Recuerdan el premio Nobel de la Paz del año pasado? No espere escribirle un mensaje de felicitaciones porque está en la cárcel. Tan así como el fútbol y el ejemplo más claro de ese gesto inútil: Turquía disputa la Copa Europea, pero está a años luz de unirse como miembro permanente a la Unión Europea.

Así de simple.

Ahora ese gesto inútil lo da el premio Nobel de la Paz al momento de decidir que Europa (aún sigo buscando a cuál de todas las europeas que existen) es quien se merece ese reconocimiento. No es desconocido el drama económico que vive el continente, seguramente el  más golpeado desde la crisis inmobiliaria de Estados Unidos en 2007. Hoy en día discute su futuro comercial y político, rescata países que lentamente se hunden en el maremoto globalizador; cuando sus jefes y jefas de Estado se deshacen para dar esperanza e imponer la ley del más inteligente; cuando España está amenazado de ser la economía con menor crecimiento el próximo año; cuando Grecia ha lanzado una moneda al aire con dos opciones que no parecen ser la solución a sus profundos problemas económicos; cuando las prácticas en contra de los migrantes ilegales de Europa oriental continúan, incluso, por momento, se recrudecen; cuando es la región con mayor desigualdad entre ricos y pobres per capita.

Pero para subsanar esos males, y darle un mensaje claro al mundo de que las artes, la cultura y ahora la paz siempre harán alguno que otro guiño en nuestro favor, se le da el premio Nobel de la Paz a Europa. Tal vez algún día no muy lejano, nosotros también nos merezcamos un Príncipe de Asturias, una beca Ford o una placa conmemorativa por nuestra valentía ciudadana.

Quién sabe.

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A lo largo de la vida, tendremos que esperar en muchos lugares. A veces con alegre ansia, otra con grosera desesperación. Las geografías comunes de estas esperas son las filas. O las colas. O las líneas de espera. O los fenómenos esos en donde un montón de gente se pone uno tras otro en espera de algo. La flora de esa geografía: las televisiones encendidas en algún programa mañanero de Televisa, las revistas que hacen alusión al programa mañanero de televisa, los asientos incómodos, las ventanilla de cristal con un círculo en el centro resguardando al verdugo que nos dice espere. La fauna la ponemos nosotros. Las especies van desde el impaciente que se mueve por todos los rincones posibles, el somnoliento que prefiere dejarle al inconsciente la responsabilidad de la espera, el niño llorón, la señora que habla por celular con todos los contactos habidos en el aparato. La ecología de la fila es tan salvaje y compleja como la de cualquier selva, y tan peculiar como cualquier libro de primaria sobre organismos multicelulares.

Las filas estarán en nuestra vida siempre. Y siempre, como dijo una vez Carlos Monsivais, tenderán a lo infinito, a lo eterno. Su elemento esencial es que siempre estarán ahí. Nos perseguirán como un fantasma. Daremos la vuelta para el cajero del banco, y ahí estarán. Pacientes, como la roca que espera en el fondo del río para que este se seque y pueda volver a ver el sol. En la cita del hospital, en el supermercado, en el trámite de las placas, en la licencia, en la identificación, para votar, para impugnar una elección, para exigir una factura, una disculpa, una pregunta o una camiseta gratis.

Nos podemos mimetizar en ella o no esperar. Podemos ver la programación de las 10 de la mañana de un canal que no sabíamos que existía o renunciar a la filocracia que se nos ha impuesto. Podemos buscar alguna víctima de nuestra impaciencia y sumar un nombre a la lista de amigos pasajeros, o desistir. Podemos, pero incluso para esa acción tendríamos que hacer fila. Díganmelo a mí, que aún estoy en ella.

Todos los países que han apostado a que sus sistemas económicos dependan de los sistemas bancarios internacionales, en algún momento tendrán que pasar por un tipo de rescate. Ya sea un rescate por los organismos monetarios de la región a la que pertenecen, como España o Grecia, o rescates internos, como Estados Unidos. También pueden caer en deudas con instituciones de financiamiento o simplemente declararse en bancarrota y esperar que ocurra algo milagroso.

La razón es que los bancos y países tienen objetivos y medios diferentes, por no decir indisociables, que no se empatan, pues dependen enormemente de la actitud de los mercados, los cuales normalmente están sometidos a las reglas de los especuladoras e inversionistas ventajosos.

México es parte de la Alianza del Pacífico junto con Colombia, Perú y Chile, la cual defiende el libre mercado frente a las otras de la misma región, como la del caribe o del atlántico, que asumen una postura de regulaciones de mercado mucho más controlada. Esta alianza se ha metido, aún no de fondo, a la lógica del sistema financiero global: mercados libre, posturas desreguladas, prácticas no proteccionistas del consumo por parte del Estado.

Junto con esto, al finalizar la reunión del G20 en Los Cabos, Felipe Calderón hizo una conclusión del encuentro diciendo que todos los gobiernos presentes habían aceptado en no hacer prácticas de regulación de los mercados. El discurso estaba lleno de falsedades que los hechos desmienten. La economía griega acaba de ser recuperada y un gobierno moderado había llegado al poder con la esperanza de seguir en la Unión Europea; François Hollande, en Francia, rechazaba práctica de austeridad en su gobierno y parecía tomar distancia de la política económica de la canciller alemana; Estados Unidos, unos años antes, y aún con el gobierno de Barack Obama, había hecho uno de los rescates bancarios más grandes de toda la historia de ese país; España, con un Rajoy que quiere mostrarse como si fuera él quien pone las condiciones, ha tenido que bajar la cabeza y estirar la mano frente a la Unión Europea.

Estos casos muestran algo alarmante: una postura oficialista que no quiere preocupar a los inversores, los cuales afectarían directamente a los bancos de inversión, estos a los bancos de ahorro, estos a los créditos y estos al país entero, pero que en el fondo está haciendo constantes rescates bancarios e incurriendo en prácticas de regulación sin asumir una postura oficial y contundente. Se regula sin decir que se regula. Como si no decirlo fuera argumento suficiente para demostrar que no existe.

Paul Krugman mencionó hace un par de días en un artículo en el periódico El país que Grecia es sólo un síntoma de una crisis más profunda en Europa, pero que los gobiernos de Alemania y Francia lo pusieron como un caso excepcional y consecuente de maquillar su situación financiera y mentir en los diagnósticos que se hicieron a su economía. Krugman agrega que Grecia fue un chivo expiatorio bastante útil para mantener el pegamento de la Unión Europea, el problema es que a ese caso se sumarán otras más muy pronto (como ya lo hizo España, y como lo fue Irlanda)

Hasta aquí podemos dilucidar que el culpable de la crisis económica mundial (el texto Caída libre de Joseph Stiglitz lo profundiza con mayor detalle) es el sistema bancario.

La relación indisociable hoy en día entre el funcionamiento económico de los países y los sistemas bancarios como la base en donde todas las transacciones económicas ocurren, ha ido mermando la capacidad regulatorias de los gobiernos, lo que generó enormes burbujas crediticias (sólo habría que destacar el sector, rascar un poco y encontrar la tajada que los bancos se llevaron a través de los créditos que otorgaron) que tarde o temprano detonaron, hundiendo las economías nacionales y obligándolas (sí, aunque suene contradictorio, los gobiernos se sintieron obligados) a rescatar los sistemas bancarios para reactivar sus economías.

Como el aceite que engrasa al sistema económico se había secado, se tenía que inyectar dinero en la base para que volviera a caminar. El aceite eran los bancos, y el dinero, nuestros impuestos.

Esta estrategia heredada por Alan Greenspan, quien se vendió a sí mismo como el gran economista que llevó a la gloria de los noventas a Estados Unidos, fue quien creó esa burbuja. Hizo pensar que el dinero virtual de los bancos era dinero real, y que las deudas, activos tóxicos o carteras vencidas, podían ocultarse y venderse a otros inversores para recuperar lo perdido. Pero así como la basura cuando se esconde bajo la tierra llega un día que se desborda por los hoyos de los campos de golf, así lo hicieron todas esas prácticas inseguras y arriesgadas.

¿Qué pasa con México? Los créditos bancarios crecen y la gente se endeuda, de acuerdo al Banco de México. Es decir, se genera una burbuja. Es decir, se hace creer que se tiene dinero cuando no es así.

Mientras tanto, las instituciones encargadas de diagnosticar y (aunque no lo parezca) regular el sistema económico y financiero del país dicen que todo marcha bien y que las crisis que golpearon a países como Estados Unidos en 2008 a penas lo tocaron (lo mismo que se dijo de España dos años antes hasta que la bomba detonó en 2012).

Se cae en el mismo problema que Estados Unidos y Europa: se toma una postura de desregulación para no enturbiar los mercados haciendo creer que la economía crece, cuando realmente sólo se construye un teatro a través de los créditos. Esta solución es como defender una caja de ahorro con un espantapájaros.

De acuerdo a la Asociación de Bancos de México, el préstamo otorgado por la banca comercial (ojo, sólo la banca comercial) en materia de consumo llegó a 524 mil millones de pesos en el mes de junio de 2012. Estos préstamos, cabe mencionar, representan el 25% del total de financiamiento del sector privado otorgado por la banca comercial. No es algo que deberíamos pasar de alto.

¿La economía mexicana podría pasar por lo mismo que la griega? Si la postura desreguladora continúa, y la burbuja crediticia crece, es muy probable que sí. Pero no lo sabemos. No aún. Quiero destacar dos situaciones: contextos y condiciones. México y Grecia vienen de contextos diferentes (geopolíticos, geográficos, históricos, regionales), pero tiene condiciones similares: créditos inflados, sistemas bancarios en caída, endeudamiento, carteras vencidas desbordándose.

Y mientras se mida solamente el crecimiento de la economía con porcentajes resumidos y escuetos pero sin desmenuzar al sistema bancario o económico, crear políticas monetarias contundentes y de regulación de mercado útiles, sin miedo a las consecuencias que estas puedan tener al corto plazo, el país vuela a pasar por lo mismo que Grecia.

Eva.

Los que seguimos al movimiento Yo soy 132, surgido después de las declaraciones de Joaquín Coldwell del PRI para comenzar una cacería de brujas contra los estudiantes de la IBERO que imputaron al candidato Enrique Peña Nieto en una presentación, vimos con sopresa dos videos y una serie de documentos en su sitio Web que mostraban que el movimiento era manipulado por personajes de la izquierda mexicana, tanto de la clase política, periodistas y académicos.

El encargado del sitio www.yosoy132.mx, Manuel Cossío, asume la responsabilidad de los actos en el primer video colgado en el sitio Web:

En donde habla de cómo poco a poco se fue encontrando con que el movimiento estaba coludido con la campaña de López Obrador a través de la figura de Saúl Alvídrez, mostrado como el líder del movimiento, en donde se quiere suponer por medio de una grabación de audio que el Yo soy 132 surgió como un esfuerzo de campaña de los obradoristas con intenciones electorale, lo que supone contradice el apartidismo del grupo.

Los documentos que venían a continuación eran hojas de registro y recibos firmados por Saúl Alvídrez en el que se registraba el nombre de Yo Soy 132 como una marca industrial especificada en la clase 35, que es para publicidad, trabajos de oficina y negocios (aquí pueden revisar el manual del IMPI en donde se especifica esa información).

Como todo lo que veo siempre se me hace sospechoso, entré al catálogo del Instituto Mexicano de Propiedad Industrial par comprobar que existiera el registro de la marca bajo el nombre de Saúl Alvídrez. Después de varios intentos buscando con el número de expediente, el titular y hasta el nombre de la marca (Yosoy132, así, pegado), no encontré nada que se pudiera relacionar con lo que Manuel Cossio decía.

Lo que sí encontré, fueron seis registros de marca bajo el título de Yo soy 132. Los PDF de los seis registros los tengo conmigo, y quien guste se los puedo mandar para que los revise, aunque están en la página del IMPI. Dos a nombre de Fernando Olmos Torres, del DF, quien había hecho un registro mixto tanto del logo como del nombre:

La cual está en la clase 33, tipo 10, que es bebidas alcohólicas (seguramente un chistosín que se le hizo gracioso registrar alguna bebida embriagante con ese nombre).

Otra bajo el nombre de Rafal Michel Zárate, quien registró el nombre impreso en la palma de una mano, en el que describe su función como de alimentación o transporte de alimentos.

Finalmente, y la que nos interesa por estar registrada como una marca nominativa (así como la que está descrita en el documento de Manuel Cossío), dos bajo el nombre de Samuel Castelán Vega, registrada en la misma clase que los documentos de Cossío (clase 35, tipo 10): publicidad, gestión de negocios comerciales, oficinas y administración comercial.

Lo poco que encontré de Samuel Castelan Vega, fue un tuit en Twitter:

ALBERTO ESTRADA@lawyerestrada

@GoCaliente@rosamariatellez@irgalindo@jcmvt@toliro Via @patyeq Solicitud marca Yo soy 132 1279332 titular SamuelCastelanVega#quetal

Y una ponencia en Mun México en relaciones internacionales sobre juventud y networking.

Sobre Manuel Cossío, aparte del video en donde denuncia al movimiento Yo soy 132, están las fotografías de su viejo Twitter en donde favorece con sus comentarios a Peña Nieto (cortesía del buen Jaime Bailleres, que llegó justo a tiempo para complementar lo que ya estaba trabajando):

Saúl Alvídrez no oculta su relación con figuras predominantes de la izquierda mexicana. En cualquier buscador con su nombre les dirá más o menos quién es y sus intenciones, además de su vínculo con México ahora o nunca (además de sus intentos por relacionar Yo soy 132 con esa agrupación).

¿Cuál es la verdad? Hasta el momento la desconozco, pero sé lo que es mentira. También sé que cuando alguien decide enfrentar al poder (al poder que tiene a los medios, como es Televisa que por medio de Radio Fórmula se fue rápidamente contra el movimiento acusándolo de ser manipulado por los obradoristas) van a haber obstáculos informativos. Esto no es nuevo, en Estados Unidos durante la Guerra Civil, a los abolicionistas se les acusó de brujería, vendedores de la patria, afrancesados y traicioneros. Lo extraño no es encontrar estos cercos, sino saberlos eludir con argumentos y evidencias.

Por el momento, el grupo Yo soy 132 ha encontrado las formas de salir de este bache, pero seguramente habrá más y más profundos. El punto no es sólo caminar, sino saber levantarse.

The Guardian, uno de los medios más importantes de Gran Bretaña y quien descubriera las artimañas de corrupción política de Rudolph Murdoch por medio de News of the World y que prácticamente hizo caer ese emporio mediático, y Televisa, la empresa más grande en español en materia de medios y entretenimiento, han comenzado una guerra (y con decir comenzado, es que estamos en un momento muy prematuro para conocer su dimensidad).

Lo que podemos ver hasta ahorita, es que el reportaje detona (o renueva) durante un momento álgido en las elecciones presidenciales para 2012. Jenaro Villamil y Proceso, desde años atrás, ya habían venido destapando la aparente relación beneficiosa de Televisa con Peña Nieto. La evidencia de Villamil no ha podido ser ni comprobada totalmente,ni aceptada por las partes inculpadas. Lo que no debe llevarnos a descartar el trabajo de investigación periodístico hasta que la ola comenzada por The Guardian llegue a su fin.

El gran paso ahora es saber si The Guardia tiene evidencias suficientes como para sostener su nota, y, si es posible, darle a México las prubeas suficientes de un equivalente de lo que hicieron en Gran Bretaña con News of the world. El medio británico necesita tener una carta muy fuerte bajo la manga, si no, en unos días estaremos viendo una disculpa trasatlántica que poco onada habrá servido para estos momentos coyunturales.  Las pruebas parecen que están viniendo desde México, con la entrevista de Carmen Aristegui a Laura Barranco, una ex-compañera de Carlos Loret de Mola, quien dice que Loret de Mola le confesó que todo lo del trabajo presentado en Proceso era verdad. Tal vez no sea cierto pero, como dice Julio Hernández, por lo menos ella está ahí.

Aquí les muestro las versiones de ambos medios. Por un lado, la nota de Jo Tuckman en The Guardian, con las modificaciones realizadas hoy 8 de junio, y la respuesta de Televisa el día 7 de junio. Extraje sólo unos fragmentos que se relacionan entre sí.

1)

The Guadian:

Al ponerse the Guardian en contacto con Televisa la empresa declinó clarificar la relación entre Radar y la empresa matriz o el papel de Quintero en las dos compañías sin ver primero los documentos. Un portavoz rehusó hacer comentarios sobre las acusaciones sin ver primero los archivos. “No podemos opinar sobre información y/o documentos que desconocemos… El actuar de Televisa siempre ha sido cumplir con el marco legal vigente en México , y en temas electorales se ha observado un escrupuloso cumplimiento de toda la normatividad,” declaró.

Televisa:

Los documentos a los que alude el reportaje no fueron mostrados a Televisa, por lo que no pudimos dar una opinión de algo que desconocemos.

2)

The Guardian:

Peña Nieto y Televisa han sugerido que el documento, que se publicó por primera vez en la revista de izquierda Proceso en el 2005, podría haber sido una falsificación.

[Demetrio] Sodi dijo que era poco probable que el documento fuera una falsificación pero insistió en que él nunca ha pagado por un tratamiento favorable en los medios de comunicación. Sugirió que el documento pudiera haber estado originado entre gente que quería apoyar su candidatura, aunque el lo desconocía.

Televisa:

La reportera reconoce que se trata de los mismos datos presentados en 2005 por Jenaro Villamil en la revista Proceso, los cuales han sido reiteradamente desmentidos y desconocidos por las partes a lo largo de siete años.

3)

The Guardian:

Muchos de los archivos informáticos vistos por the Guardian estaban guardados con el nombre de Yessica de Lamadrid que en esos momentos era empleada de Radar y amante de Peña Nieto.

Televisa:

La reportera atribuye dichos documentos a una persona de nombre Yessica de Lamadrid aunque el mismo artículo señala que ella rechaza la validez de los mismos.

4)

The Guardian:

Mientras las manifestaciones en contra del supuesto sesgo de los medios de comunicación aumentan, Televisa está ahora muy interesada en probar que su tratamiento de la información es equilibrado. Ahora está cubriendo el movimiento de protesta en detalle y los presentadores de sus principales noticieros recientemente sometieron Peña Nieto a una durísima entrevista. La cadena también ha anunciado que emitirá el próximo debate presidencial del 10 de junio en su canal más popular el cual fue reservado durante el primer debate a un programa de entretenimiento.

Televisa:

La reportera miente al decir que Televisa no difundió nada de las protestas antiPeña en la Ibero y que dio una amplia cobertura a los ataques contra los jóvenes.

 

Fuentes:

The Guardian.

http://www.guardian.co.uk/world/2012/jun/08/mexico-televisa-cobertura-politicos

Televisa.

http://noticierostelevisa.esmas.com/nacional/454324/televisa-desmiente-al-periodico-ingles-the-guardian/

Cierro la ventana, pero aún así la luz de afuera ilumina la puerta, la lámpara y mis pies. Abro los ojos en una oscuridad en donde con esfuerzos puedo reconocer mi mano. Con los ojos abiertos, comienzo a recordar. Y lo que recuerdo son los viejos amores. Esos que están llenos de quizás y hubieras, que hablan de largos adioses que no terminan nunca. Que todo final era el presagio de su nacimiento. Viejos recuerdos que se han ido acumulando ceremoniosamente en mi vida, acomodándose a su gusto en los rincones de mi memoria.

Cierros los ojos y los veo. Son como fantasmas cargando sus últimos alientos. Hablan despacio y no se interrumpen. Se sientan a mi alrededor, seguros que por la oscuridad no los reconoceré. A veces toman café en tazas blancas como sus manos. Se cuelan en mis sueños sin mi permiso. Me llevan a otros momentos, a otros espacios. Me veo, pero soy otro, soy lo que los viejos amores me dicen que sea. Soy más delgado, con más cabello, más curioso. Los viejos recuerdos tienen la ventaja de poseer un cuerpo más viejo de lo que soy capaz de recordar.

A veces me despierto y pregunto qué sería sin ellos. Imagino que existe una inyección o un tratamiento de amnesia que te hace olvidarlos, y que borra esa ley de que los viejos amores mueren cuando mueres. Imagino que tengo el control de deshacerme de ellos, que los meto a una bolsa de plástico y los tiro en cualquier lugar.

Pero los viejos amores no mueren, no deben morir. Viven con la promesa de que ese dolor que nos provocaron se transformará en la materia de nuestros recuerdos.

Todavía nos pesa todo lo que nuestros antepasados más lejanos han hecho y pensado. Si se escarba en la conciencia de nuestros contemporáneos, se encontrarán muchas personas que alimentan la idea de que la historia humana se puede interrumpir sin previo aviso.

Georges Duby.

Cuando Martín Lutero pegó las 95 tesis en la puerta del Palacio de Wittenberg, y dictó tres sermones en donde se oponía a la práctica de comprar indulgencias para el alma de propios y extraños que concedía la iglesia Católica con el fin de financiar la construcción de la basílica de San Pedro, en Roma, nunca se imaginó que la búsqueda de la verdad del espíritu religioso provocaría una sangrienta guerra entre los incipientes protestantes y los acérrimos católicos. Francia fue el territorio de la más cruenta de estas manifestaciones en lo que se llamó la Matanza de San Bartolomé. La crueldad del conflicto consistió en que detrás de cada bandada religiosa, se escondía, aunque no muy profundamente, fines políticos y económicos.

Las guerras de religión que iniciaron con las buenas intenciones interpretativas de Lutero, no fueron ni el inicio ni el punto final de los conflictos. Ahora, incluso antes de principios del siglo XVI, las religiones siguen costando vidas y mostrando las expresiones de violencia más crudas de la historia. La religión, en sus múltiples aseveraciones, ha creado momento de peligrosidad por la razón en que ha buscado generar el conflicto entre las personas y las ideas.

En una visión arriesgada, veríamos que lo que está detrás es el sostenimiento y la forzosa postura de la verdad. La imposición de eso que mora más allá de nuestra vida y nuestro entendimiento. Algo, como lo veo personalmente, absurdo, barato y peligroso.

Pero no sólo la religión (es decir, esa explicación supersticiosa del mundo que vivimos) sino lo religioso (lo sagrado, lo inmaculado, la visión metafísica de la realidad meramente física) son igualmente peligrosos. A las dos cosas les tengo pavor, pero si sumamos a eso la religiosidad secular, me muero de miedo.

Esa religiosidad secular se ha adueñado de las elecciones presidenciales (vivo en México y es año de elecciones, también sigo de cerca la política de Estados Unidos en donde también son fechas de campañas. Ahora entenderán lo cercanía con el tema). Los funcionarios públicos en contienda son enaltecidos como si no pertenecieran a este mundo (no todos y ni por todos).

Me cuesta no ver a los candidatos y candidatas como aspirantes a un cargo público. Por eso no entiendo bien los colores del partido como escapularios o amuletos. Me cuesta ver los logos y los rostros de la clase política en los cristales de las casas, colgando de las paredes, pintados en los postes, como si las 95 tesis de Lutero volvieran a poblar la Europa que veía la salida de la Edad Media para decirles a los creyentes la otra verdad de dios. Me imagino de nuevo a los feligreses divididos, vestidos bajo banderas que aluden a una misma deidad pero interpretada en otros términos, maldiciendo y reduciendo al otro a los huesos, a su enemigo.

Por eso me pregunto si alguien se ha puesto a pensar en las condiciones en las que quedará México después de las elecciones, en las divisiones que hemos creado. Entre eso, asumo mi culpabilidad. La guerra de religión de los partidos vendrá después, cuando las elecciones se hayan hecho.

No lo puedo evitar, me cuesta no ser testigo de cómo el sistema político y partidista de este país (y de muchos más), que siempre ha antepuesto a las cúpulas del poder, a las élites políticas, a los partidos y a los gobernantes sobre los ciudadanos, se reproduce con tanta similitud y viste a los ciudadanos con sus colores.

Será que es mi visión de que a las clases políticas, con las reglas internas del sistema, sólo se les vota, se les demanda o se les expulsa (ojalá se reformara el sistema electoral para que esto se permitiera). En esas tres atribuciones no me cabe ninguna más, y en el contexto actual me siento perdido.

Ahora que veo el país y las redes sociales digitales, que son la geografía que habito con mayor soltura, veo a un México dividido como lo fue la Europa del siglo XVI, como fue Francia en la masacre de 1572 y los Países Bajos dividido en dos por la guerra de Ochenta años.

Si me preguntan ahora qué es lo que ha divido a México, diría que la partidocracia y un sistema electoral (con su oportunidad reivindicativa mandada al traste por la cámara legislativa con la reforma electoral) y una democracia representativa falaz que sólo beneficia a los poderosos.

Si la historia nos ha enseñado algo, siempre se repite. La primera vez como drama, dice Marx, y la segunda como comedia. Sólo que de esta comedia pocos nos estaremos riendo.