Diario de campo: la columna

*Jueves, 3 de julio 2008

El bosque por el que pasa el tren de todos lo días estaba mucho más callado de lo normal. La gente, quien siempre mira para abajo, hoy miraba aún más por debajo de sus piernas, como buscando algo entre sus piernas que apenas y existe. Es un día de melancolía desmedida. Todo en el ambiente parece callarse por la lluvia que viene. Esto es vivir gratis.

*Martes, casi miércoles, 1 de julio 2008

Antes de venir para Barcelona estaba pensando en si sería capaz de acostumbrarme al acento español, como el de las películas de Almodovar, y al chasquido que hacen cuando se detiene rápidamente para empezar una oración. Pero la historia es otra: aquí hablan catalán. Pero, qué es el catalán: es como un castellano en estado etílico. Digamos que en vez de decir adiós, ya después de unas caguamas, dices adieu. O quieres llamar a los bomberos porque ves que una casa se quema, y lo único que alcanzas a decir es bombers. La situaciónsería así: Se estau quemands, que llamns a los bombers, saquen a las crians que se quemans.

No escribo bien el catalán, pero la idea es esa. Y junto con esto, la anecdota del recuerdo: un catalán dice, lo que usted habla es castellano, no español. Eso dice usted que de seguro no ha salido de España, pero en América se habla de español, que nada tiene ya que ver con España. Qué pena por el taxista. Es como la historia del puente para cruzar a El Paso, cuando el migra me dijo: tú hablas español porque crees que México es mejor que Estados Unidos. Así de chiquita tienen la cabeza alguno que otro.

*Martes, 1 de julio 2008

Hoy no hay nada que ver por la ventana. Sólo una pared verde con el mensaje “construtum la publica sep”. No tengo ni una remota idea de lo que dice. Pero está bien. Es una pared algo escondida y, al parecer, a nadie le importa.

Por eso no hay nada que ver por la ventana: lo mismo de ayer, y de mañana. De eso estoy seguro. También no hay nada porque no hay nada que buscar. No hay nada que valga la pena ser mirado (¿valdrá la pena tener pena?). Por eso quisiera ser uno de esos turcos que vende burritos (llamados Durum) en puestos de comida, con un bigote grueso y ojos cenizos con grandes ojeras.

*Lunes, 30 de junio 2008

Siempre, no sé por qué, tenemos la oportunidad de reconciderarnos en la vida. Vernos como a la distancia para encontrarnos en nosotros mismos: estar lejos, pero estando siempre juntos. No se puede caminar por la tierra sin que en algún momento ya nos estemos acercando al punto de donde partímos.

Qué bueno es siempre estar en casa, aunque sea estando lejos.

*Viernes, 27 de junio 2008

El mejor lugar para ver Barcelona es por la ventana del museo de Miró. Se ve todo lo que no se puede ver desde una ventana alta, o un calle en la avenida Diagonal. Por esa ventana es posible resumir injustamente toda una ciudad. Es el encuentro más fantasmal pero honesto que he tenido con la totalidad estética. Yo, como muchos en esta ciudad, se convierte en sujetos subterraneos que viajan por metro todo el día, con las cabezas observando los pies para no chocar con otro par de pies. Con la nariz en un libro o somnoliento, pensando en la renta, en la comida (que es pesima), en la esposa, en los hijos, en los juguetes.

La ventana de Miró. Qué buen recuerdo.

*Miércoles, 25 de junio 2008

Vamos a jugar a las cartas de Valeria. Algo bueno para cerrar el día. No es que el día sea malo, pero a veces necesitamos un buen final. Es como la película de El ladrón de orquídeas: dales un buen final y salvarás tu película. Yo quiero un buen final. Una frase inmortal antes de cerrar los ojos. Como la de Juan Villoro, antes de morir en un accidente de auto: La carne de puerco no es transparente. Es verdad, no sé por qué no podría ser una buena frase de despedida, la carne de puerco no es transparente.

Pero volvamos a las cartas. Valeria está en el suelo con un montón de cartas, ella y sus cinco años de edad. Y Poncho con Alida durmiendo a Ana, y yo con un par de libros nuevos que me han costado tan baratos que no los puedo dejar guardados.

Pero regresemos a las cartas. Siempre son las cartas. Benditas sean las cartas. Por eso quisiera conocer a una mujer bella en el metro mientras lee algo de Haruki Murakami. No importa que sean las novelas de pedido que ya nada tiene que ver con las buenas de un inicio. Sé que pasará, tarde o temprano. Hoy casi pasa, eran muchas coincidencias para un solo instante.

Ah, pero las cartas. Bueno, ya hemos terminado de jugar con las cartas.

*Martes, 24 de junio 2008

Ayer, después de caminar por la avenida Diagonal todo el día sin llegar a ningún lugar, había decidido quedarme en casa. Adelantar un poco al libro que compré en la tarde y descansar de las corridas a las siete de mañana que Poncho ya está convirtiendo en costumbre. Pero no, hablaron unos amigos porque apenas comenzaba la fiesta de San Juan. Está bien, dije, hay que conocer. Tomé el metro de Alfonso X rumbo a la villa olímpica. Los vagones estaban abarrotados de gente, y, en un momento, ya no me sentí como extranjero.

René, el amigo de Serdañola, estaba afuera de la estación con una cámara en la mano. Caminamos a la playa que poco a poco se iba llenando de turistas con juego pirotécnicos iluminaban el mar que estaba muy tranquilo. Los otros amigos ya habían tomado un lugar cerca de la playa. Una bella familia ecuatoriana.

Tomamos cerveza mientras veíamos detenidamente los cuetes en el cielo. No había luna, pero qué importaba, el cielo no necesita siempre tener una luna para ser un buen pedazo de cielo.

Ya noche regresamos. Tomé la línea amarilla de un metro que abriría toda la noche y esperé.

Hoy es día de San Juan y unos ya me han felicitado. Digo, es mi primer día de San Juan del Bosco. Pero eso no es nada, nunca es suficiente para ser nada.

*Lunes, 23 de junio 2008

Sin estar nunca

El único lugar posible es el que se llega por tren de una hora, con el mar al costado, calles con sabor a sal y edificios que se inclinan para hablar entre sí. Es en donde las olas, las gaviotas, los niños, las toallas mojadas y las vistas perdidas se encuentran en un solo punto del azul mediterráneo.

¿Por qué siempre es el mediterráneo en la plática de un buen mediterráneo?

No acabábamos de estar y ya nos íbamos. Y el mar del costado, y las gaviotas que se pierden en él, y los bañistas con sus toallas mojadas y los niños ya dormidos sin contemplar el sol alejándose por los cerros. El único lugar posible no era Tarragona, ni Girona, era el mar que se repite como una fórmula por la costa extendida.

El único lugar posible, y nada más.

*Sábado, 21 de junio 2008

La última vez que vi el mar estuve apunto de morir ahogado. Fue en Acapulco, de esos viajes familiares: salí temprano, solo, y me senté un rato en la arena viendo el mar bravo. Una vez dentro las olas poco a poco me fueron jalando hasta el fondo. En un instante sabía que no había posibilidades de sobevivir y renuncié.

Por eso el reencuentro tenía que ser algo más que excepcional. Esperaba ver, como decía el maestro Masaru Emoto, el agua que me regresaría la vida que una vez me quitó. Llegué y lo único que había era un mar vacío. Es verdad, el mar de Barcelona, o el mar que ví, era un mar vacío. Con gente en una arena artificial, escuchando música y gritos.

*Viernes, 20 de junio 2008

Me dio un buen consejo Poncho: cuando estés aquí no pienses ni en la hora de Juárez ni en pesos. La primera es imposible de eludir, pero la segunda es una ilusión romántica. No es como ir a Estados Unidos, donde calculas los dólares como entre diez pesos, entonces si ves algo a cinco dolares ya sabes que deben de ser un poco más de cincuenta pesos. Pero acá no: todo es más caro de lo normal, pero como no sé bien a cúanto está el euro, entonces me evito el problema.

Un hombre ayer me dijo, te cambio un peso por 97 centimos. El hombre cree inocentemente una verdad a medias, y es autoengañado: sabe que el peso está jodido frente al euro, pero conserva su ingenuidad de que debe ser sólo por tres centavos.

Talvez, pienso, debería de cambiarle todos mis pesos a este hombre. Lastima que soy buena persona y le dije: no quiero estafarlo. Aunque parece que es todo un país, todo un continente, todo un sistema el que me está estafando a mí.

*Jueves, 19 de junio 2008

Por la ventana del departamento de Poncho y Alida, está la mejor vista de Barcelona. Las torres de La sagrada familia son gigantes dormidos que contemplan en un silencio incompleto la ciudad. Hasta dónde se es posible ver desde la mejor vista de Barcelona.

No hay posibilidades, nunca hay posibilidad de nada.

*Miércoles, 18 de junio 2008

Estaba sentado, con unos lentes oscuros que no esconden nada, en el aeropuerto de Paris. Soy pedante hasta la madre. Por eso escribo de algo que sucedió en una ciudad que no conozco, haciendo algo que no quisiera pasar de nuevo bajo ninguna circustancia. Pero es verdad, estaba sentado, con una foto del Subcomandante Marcos que perdí en un autobus en Barcelona. Pero también estoy sentado pensando en que podría no estar sentado. Pero no entiendo francés, no hablo francés, y todos los franceses hablan francés. Qué horror.

Pienso en que también debería de estar preocupado. No encuentro mi vuelo en la pantalla y cada vez se hace más tarde. Así es ser una estrella, un rey con la corona de cartón estilo Burger King. Vaya, la fama no es nada en un lugar donde todo el mundo se cree famosos. Joder, ya hasta se me ha pegado el acento español.

*Domingo, 15 de junio 2008

La vida va y viene, eso es verdad, pero siempre hay algo permanente. Estaba pensando en los primeros humanos (tentativamente) en la tierra, y cómo nace la noción de distancia: cuando hay un hogar, algo que te identifique. Me imagino que pensar en ‘ir lejos’ tiene el referente de algo que está estático, porque hay que ir lejos de ese lugar para sentir que en verdad nos apartamos. Eso es la distancia. Si no fuera así, entonces siempre seríamos donde estamos.

Yo no veo la distancia, soy ella misma. Yo soy lo que se aparta y vuelve. Me lleno de esa sustancia con la que se construyen las vidas. Y siempre me siento que estoy en donde tengo que estar. Pienso en los primeros hombres de la tierra, preguntando cómo estarán por allá, sintiendo, repentinamente, que hay espacios que lo separan con eso que lo une.

Me han regalado la sensación de que uno se sienta lejos. De que uno puede volver, siempre, y siempre estará acercándose.

*Viernes, 13 de junio 2008

Mi amigo Poncho me está pidiendo una lata de Chilorio, porque, me imaigno, en España no hay. Poncho es buen amigo, por eso compraré la lata y los 2 kilos de tortillas que me pidió. Espero que también alguien compre las cosas que quiero cuando no pueda comprarlas. Por mientras yo seré el que lo haga.

*Miércoles, 11 de junio 2008

La memoria, no lo sé, debería estar fragmentada. Organizada en procesiones, como si fueran cajones dentro de la mente. Y que, cuando se abre uno, esta memoria fragmentada se vuelve una: es decir, el cajón recien abierto.

Yo estoy, en este proceso de fragmentación, cerrando un cajón. Estoy consciente. Lo quiero estar. Por eso he borrado todo el diario de campo, decidiendo recomenzar. Abro y cierro. Así como debe de ser todo. La razón es bastante simple: no voy a estar aquí por dos meses (aquí, en la ciudad, mi hogar), y creo pertinente que cuando cierre ese cajón de le memoria, también abra otro.

Un cajón cerrado no es un cajón olvidado. Eso también ya lo sabía.

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