Me voy a dar el permiso de mostrarles algunos fragmentos del texto de Alfredo Jalife-Rahme, ¿El neoliberalismo provocó la revuelta árabe? el cual aborda con bastante perspicacia el origen estructural de las revueltas árabes.

La ruta de la crisis multidimensional parece clara y es de doble vía. Primero, su detonador global (la crisis financierista de Wall Street y la City) afecta regiones (por ejemplo, el mundo árabe) con sus propias características locales (la diferencia específica entre Túnez y Libia: dos países maghrébines del Occidente árabe), que luego en su camino de retorno impacta –debido al alza del petróleo (por los sucesos de Libia y Bahréin que han puesto en jaque a los jeques petroleros del Golfo Pérsico)– las regiones (la Unión Europea, China e India, tan dependientes del oro negro) y el precio global de los hidrocarburos que se pueden disparar, después de su abrupta alza, más allá de los 200 dólares por barril.

La crisis multidimensional comienza el 15 de septiembre de 2008 con la gravísima crisis financiera en Wall Street, detonada por la quiebra de uno de los principales bancos anglosajones de inversiones del mundo, Lehman Brothers, que revela lo consabido: la desregulada globalización financierista está basada en papel virtual sin sustento en la economía real.

La crisis ya económica se despliega en crisis energética (alza del petróleo y los commodities: las materias primas, donde brillan intensamente los alimentos, uno de los motivos de la revuelta árabe by the time being), por el rescate bancario y la impresión masiva de dólares por la Reserva Federal, en medio de otra crisis adicional: el cambio climático.

Porque el neoliberalismo global es incapaz de brindar trabajo a sus jóvenes desempleados, lo cual pone en tela de juicio su gobernabilidad y su vigencia. En realidad, cualquier modelo que fuere y que sea impotente en dar trabajo a sus jóvenes desempleados –la expresión del futuro de una sociedad– apuesta a su suicidio.

Pero mientras nos alcanza el futuro, el gobernador de la Reserva Federal, Ben Shalom Bernanke, insiste en propiciar una hiperinflación monetarista –la segunda ronda de impresión de dólares insustentables por 600 mil millones de dólares–, que ha causado estragos en el planeta y ha exacerbado las alzas de los alimentos en más del ciento por ciento en unos cuantos meses, del petróleo y los metales (en especial, los preciosos, como el oro y la plata, el último refugio de los ahorradores para preservar su patrimonio pulverizado).

Tales políticas, que incluyen (Nick Beamsaduce)  “una privatización de larga escala, el retroceso de la economía nacional y la regulación financiera, la destrucción de decenas de miles de empleos y recortes en los subsidios estatales, han sido supervisados por el FMI en representación del capital financiero global”.

Más aún: el reporte aludido del FMI, una joya de la estulticia mental, festejaba la decapitación laboral para reducir costos (en inglés le llaman retrenchment) de 340 mil empleados públicos (en un país de 6.5 millones de habitantes) con el fin de desarrollar el sector financiero (donde la banca anglosajona florece como en ningún otro sector) y así atraer “inversiones directas foráneas” (léase: el papel chatarra de la City y Wall Street para transmutar la alquimia del petróleo que la jerigonza globalista denomina “transformación económica”).

¿Por qué la ballena de dos cabezas? Es una alegoría poco atianda que he usado para mostrar lo que hace Jalife-Rahme en su texto: hay dos cabezas dentro del neoliberalismo que tarde o temprano se van a encontrar: la esfera económica/finaciera, y la política/bélica. Las revueltas en varios países árabes (principalmente en el norte de África) fueron impulsadas por el rompimiento de un pacto más o menos establecido entre los sindicatos, los trabajadores, y los gobiernos. No hay que olvidar que no hace mucho Gadafi gozaba de la aceptación de los líderes de Francia, Alemania (quien todavía ve las revueltas con cautela, y por eso no aceptó firmar el acuerdo de la OTAN para atacar a las fuerzas realistas) y Estados Unidos, y que se le veía como un ejemplo de crecimiento en la región.

Pero tampoco debemos olvidar que hace un par de años, los grandes bancos estadounidenses llegaron con los legisladores a pedir una disculpa al país y le mundo por haber negociado con créditos tóxicos a personas que no los podían pagar, engañando a todos diciendo que las invesiones eran seguras (incluso con la voz calificada de profesores eméritos en economía de universidad como Harvard y Columbia), cuando no lo eran. Incluso, apostando en contra de lo que los mismos bancos aseguraban era un éxito rotundo.Crisis que repercutió sobre todo el mundo, pero principalmente en las políticas del FMI hacia las regiones que no parecían estar lista para este temblor financiero. Lo que resultó en un error mucho más catastrófico, provocando un mayor índice de desempleo y una crisis en todos los sectores básicos.

Ahora Shalom Bernake, gobernador de la Reserva Federal, quien en más de una ocasión tomó decisiones catastróficas durante la administración Bush, busca una hiperinflación de la moneda, aunque esto rompa los candados para la alza de precios de productos tan básicos como los alimentos, y otros como el oro, la última reserva, y la carta más fuerte, para los ahorradores. Lo que sacudiría una vez más al mundo, y lo hundiría en una brecha cada vez mayor entre los que lo tienen todo, y los que no tienen nada.

Si los pronóstico de Jalife-Rahme son acertado, esto que los países que ahora han decidido emprender una batalla contra Gadafi en Libia, detonada por una revuelta que fue en gran parte generada por los desajustes de un sistema bancario y económico irresponsable, que se regule como el Dios dinero les da a entender, tendrán que volver a casa y encontrarse con el rostro del enemigo.

Lo irónico (y es que siempre hay algo irónico en todo esto), son las pancartas de agradecimiento de los rebeldes en Libia porque las fuerzas de la OTAN han llegado en su ayuda, sin saber que en el fondo ellos son parte del problema.O no necesariamente ellos, pero sí una de sus caras.

No quiero quitarle valor a las revueltas en Egipot, Tunez y Libia (y las otras que han comenzado en diferentes parte del Medio Oriente), pero no quiero caer en dos graves contradicciones: pensar que la naturaleza de las revueltas es la misma, cuando estamos en contextos sumamente diferentes;, lo que nos obliga a pensar que las soluciones tampoco serán igual; ni que el proyecto occidental (de la Europa que así lo ve y de Estados Unidos) sea el único viable.

Mientras haya dos esferas intocables en los países que llevan la bandera del sistema bancario y la fuerza bélica del orden, nos encontraremos con crisis financieras que causan revueltas y levantamiento, y ejército dispuestos a sofocarlos.

Foto: Arturo G.

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