Posteado por: Juan M. | Julio 29, 2007

El caos y los sistemas no lineales: la grandeza de lo invisible

Al terminar la era del determinismo científico, los sistemas que nunca habían sido tomados en cuenta como ejemplos de la situación actual de la física obtuvieron un papel protagónico indiscutible. Un grifo de agua goteando, los remolinos de humo, las corrientes de agua en un río, la forma de las nubes. Sistemas no lineales que, sometidos en el tiempo, se vuelven aún más impredecibles. En otras palabras: todo sistema en movimiento tendería hacia un atractor natural (como puede ser el fondo cónico en un lago o un precipicio, para tomar un ejemplo claro), pero un sistema no lineal se dirigirá a lo que se llama un atractor extraño, un lugar impredecible en el espacio. El sistema no lineal es sometido a tantos factores que lo determinan volviéndolo tan incostante como para llegar a dudar que pueda ser repetido de la misma manera (a esto se le llamará caos).
Un remolino de humo generado por un cigarro se moverá salvajemente en el viento, convirtiéndolo así en la victima de los miles de factores que flotan: un atractor extraño aparecerá en algún lugar del cuarto en donde el humo surge. Incluso se podrán tomar patrones de los recorridos pasados, pero nunca serán lo suficientemente precisos como para predecir cómo y cuándo girará el humo de un cigarro.
Ivar Ekelan, en su libro El Caos, explica la acción de un sistema lineal por medio de un titere que gira gracias a un remolino con pequeños departamentos que se llenan y vacían con arena, haciendo impredecible cuántas vueltas dará hacia la izquierda y derecha. Donde incluso un grano de arena más en uno de los departamentos generará un ciclo diferente a los anteriores.
En situaciones microscópicas, un electrón más pesado a otro podría generar un cambio radical en el recorrido de un sistema. Sólo que sometido a un lapso muy corto el cambio es imperceptible. Es necesario un recorrido más largo en el tiempo para observar cómo es considerablemente diferente. Así sucedió con el meteorólogo Edwar Lorenz, quien observó cómo dos acciones introducidas en un ordenador variaron en unas cuantas horas sólo por cambiar algunos decimales en ciertos resultados. Lorenz llamó esto “el efecto mariposa”.
Es la reflexión de un sistema donde todas sus partes, incluso las invisbles, son determinantes en sí mismo. Haciendo de cada sistema un entramado complejo donde cada parte es determinante.
Lo invisible.

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