Posted by: Juan M. | Mayo 11, 2008

Servicio comunitario

Ya comenzó la convocatoria de textos para Hecho Social número 8, lo cual nos llena de alegría pues el número 7 está en puerta para su impresión. Invito a todos a colaborar con sus ensayos, artículos, reseñas, cuentos, poemas, etc. Manden sus trabajos a jmfernandezch@yahoo.com.mx

Les dejo la portada del número siete, con una impresionante foto de Gustavo Martínez, con todos los derechos del autor:

Posted by: Juan M. | Mayo 4, 2008

And the hippos were boiled in their tanks

Para lo seguidores de los beat, el inédito libro entre William Burroughs y Jack Kerouac sobre el asesinato de David Kammerer por parte de su amigo Lucien Carr, es un suceso que veníamos esperando mucho tiempo atrás. Se rumoraba de la existencia de este libro, pero nadie lo había leído, ni siquiera se sabía el título (que en español es: Y los hipopótamos hirvieron en sus tanques, por una nota que ambos escritores escucharon en la radio). Burroughs lo menciona en un documental, pero nunca de manera sustanciosa.

De seguro no esperamos una obra maestra, pues la escribieron siendo muy jóvenes, pero su valor simbólico es incomparable. La editorial española Anagrama está negociando una traducción al castellano.

Posted by: Juan M. | Abril 13, 2008

El amor en los tiempos del caos

Con Francois Lyotard, los que aún creemos algo de él, nos fuimos por un camino sin camino. Digámoslo así: como si Dorothy, la chica de zapatos rojos en el Mago de Oz le dijeran, sigue el camino invisible. O, mejor aún, el gato de Lewis Caroll del país de las maravillas diciendo: si no te importa a dónde vas, entonces no importa qué camino tomar.

Y por qué digo esto.  Lo hago para desmentir una vez más la certeza de las grandes explicaciones. En una época posmoderna, lo sencillo, local y particular tiene más sentido, noción, en todo caso, de lo real. Veamos esto como la justificación de que la teoría del caos no la veo como la respuesta que vino a aclarar todas las preguntas, pero desde una aproximación subjetiva surge con cosas para pensar.

Por eso hablo del amor y del caos como una coincidencia temporal. En un trabajo sobre el libro de Georges Balandier, Desorden, pensé que la mayor crítica que se le podía hacer era el uso al término caos como un situación que surge en un espacio y tiempo determinado, y no como un constante permanente. Al final de cuentas esa es mi noción de caos. Y es que el amor, al igual que el caos, se le ubica dentro de un escenario de emergencia: es decir, surge (nace), se desarrolla, se reproduce y muere.

Leí una pequeña frase en la página de una amiga que tiene una importante relación con la teoría del caos: una influencia pequeña puede modificar globalmente la realidad. Lo impresionante, o lo que me impresionó, fue que debajo, haciendo referencia a lo escrito, estaba ella besando a su novio. El acto de amar es un acto con referencia caótica.

En Espejo y reflejo (uno de esos libros canónico para entender el caos y la complejidad), se hace referencia a la creación artística como un acto caótico, en donde miles, millones, de factores influyen en la escritura de un texto, por ejemplo. Algo tan real como que en este momento yo estoy siendo un acto del caos. Me retiro y acerco para escribir y pensar. Llego a un punto en el que creo que todo debería terminar en nada, pero continúo. Estoy (como dice mi hermanita) dejando de pertenecer para pertenecer más. 

El caos, en su constante interacción con el orden, nos lleva a, súbitamente, dejar de ser nosotros, nos abandona como un barco en medio del océano jalado por la corriente. De un momento, sin pensarlo, estamos ahí, enamorados: en el caos. Y miles de cosas pasan por dentro y las razones apenas y se aproximan. Estamos en ese estado que Lorenz explicó por medio de la interpretación del clima: el aleteo de una mariposa.

Sólo eres tú, tu cuerpo, tu mente y el mundo que ves, esa relación entre el caos y la extraña cosa viva que eres.

 

 

Me interesa, más que nada, lo imposible. No existe palabra que me genere mayor conflicto. Por un lado, identifico esta necesidad de interrogación por la naturaleza misma de la palabra: remite a algo que no puede ser posible, pero que existe. Para esto tomo al segundo Ludwig Wittgenstein cuando nos dice que todo lenguaje es construido por el mundo, y que a la vez éste lenguaje construye su mundo. Llevándome a pensar que la imposibilidad ha sido, lo hago de una manera arbitraria con Wittgenstein, intrínseca e indisociable en la construcción del mundo. Es el armazón del discurso y la acción política y social. Por otro, su constancia. La imposibilidad desborda las acciones y discursos. Es el escenario, la plataforma, la base, sólo que en términos de realidad, nunca podrá ser. Buscamos acceder a ella constantemente, incluso conscientes de que nunca llegará.

La relación con la utopía viene después la lectura de un texto del historiador argentino Osvaldo Bayer, en donde la imposibilidad es una constante imposibilidad que, aún así, debe de ser enfrentada. Es decir, sabemos que no podemos llegar, pero eso no debe ser impedimento para acercarnos lo más que podamos a ella. Es el planteamiento de la utopía: el lugar lejano, en donde sólo se llega cuando la imaginamos, pero que debe estar en la consciencia de todos. Lo que me interesa, porque Bayer acertadamente le da a la utopía un lugar real. Existe, lejanamente, talvez tanto como para nunca llegar, pero está ahí. Es decir, la utopía no es solamente un imaginario, es la sensación de que nuestra imposibilidad está dentro de un marco de realidad. Existe, aunque no exista.

 Si la imposibilidad fuera un lugar, sin duda lo sería la utopía. Recuerdo la pintura de Brueghel, la torre de Babel, que nos remite al pasaje bíblico. Los hombres buscan la grandeza de Dios (lo divino) en la tierra con la construcción de una enorme torre que llegará hasta los cielos. La torre no existió, aunque haya ocurrido nunca existió. En la actualidad, claro, existen edificio de mayor altura que la de Babel, pero su intención no es el cielo, sino la tierra. Babel era el espacio, no de la altura, sino el acceso a Dios. Fue la primera utopía. Analogía que continúa, y la cual creo necesario abordar. Ejemplo: existen discursos que se construyen bajo la imposibilidad; otros se hacen utópicamente: toman fragmentos de la realidad para comprobar que son posibles, pero, conscientemente, no lo son. El acceso es como esa torre de Babel que nunca existió, incluso cuando se decidió construir con la esperanza de que se terminara un día.

Por lo que estos espacios inaccesibles me interesan desde una perspectiva de práctica política y social, dirigido principalmente a los temas de la tolerancia racial, étnica, cultura, así como la discriminación y el racismo. En donde, creo, la imposibilidad (lo que enmarca dentro de una realidad posible, pero que es inexistente) y la utopía (lugares que son creados, pero son inaccesibles desde la misma realidad) se relacionan de manera bastante adecuada.

Pues los discursos que he revisado, tomados principalmente de periódicos de circulación internacional que giran entorno a este tipo de temas, me llevan a hacer una reflexión de su credibilidad y practicidad en el mundo real.

La felicidad del individuo es tan escuálida como la celda carcelaria, de la que los poderosos pueden ya prescindir, pues la entera mano de obra de las naciones ha caído en su poder. El encarcelamiento empalidece frente a la realidad social, Horkheimer y Adorno, Dialéctica del iluminismo 

Recuerdo muy bien la primera vez que fui a Disneylandia: mi papá manejó desde Juárez sin parar, ni siquiera para ir al baño (sólo para poner gasolina, claro), casi dieciocho horas. Por fin llegamos, y todo era como lo imaginamos: Mickey, el castillo de la bella durmiente y el estacionamiento con los nombres de todos los personajes de las películas anunciadas en la cajita feliz de McDonald’s. El sueño que mi hermana y yo habíamos construido desde nuestra lejanía se hacía realidad, era tan real como el mismo mundo real. Se nulificaba esa frase de “eso sólo pasa en las películas”, porque aquí realmente pasaba. Ese lugar, donde la Dama y la Bestia se conocían y Pinocho contaba todas esas mentiras, era Disneylandia. El lugar imaginario concretizado.  Pocas veces existen esas oportunidades

Ahora, irónicamente, casi catorce años después, he regresado a uno de esos lugares. Estoy en Dallas (23 de marzo de 2008 ) con mis primos y un amigo (Miriam, Beto y Beto). Hemos decidido ir a Six Flags (marca registrada), en donde no habitan Mickey y los animales de Disney, sino Superman y Bugs Bunny. Con juegos bien intencionados a romper con los límites de la velocidad. Y catorce años después ya no veo las cosas como antes. Saben diferente, como a desconfianza, incluso dudando de la legitimidad de lo que se ve.  

Slavoj Zizek tituló una serie de muy buenos artículos ¡bienvenidos al desierto de lo real!, en este caso, todo lo contrario, ¡bienvenidos a la ilusión de la irrealidad! No sólo por la construcción de figuras inexistentes que se dan cita en un espacio determinado, en donde, incluso, encontramos las características de su entorno (por ejemplo la ciudad Gótica de Batman y el santuario de la Liga de la Acción), sino por todo lo que se construye socialmente en un espacio artificial.  

Porque caminar bajo la dirección de un mapa que explica en dónde se encuentran tiendas, montañas rusas, cajeros automáticos y restaurantes, es un simulacro constante. Porque los mapas son instrucciones de localización, pero ¿qué se puede localizar en un espacio inexistente? La sección que proféticamente es llamada como México, simula una plaza ‘tradicional’ de algún pueblo mexicano, con música mariachi desde las diez de la mañana hasta las diez de la noche, con hombres, casi siempre afroamericanos, usando sombreros charros y sirviendo hamburguesas con guacamole. Mientras que la sección que representa al viejo sur estadounidense recrea la arquitectura de los antiguos plantíos americanos, sólo que sin esclavos negros. Es decir, una historia vacía de historia. Un espacio que banalmente intenta recrear una realidad histórica, geográfica y global, pero sin la intención de ser ‘real’, sino ‘ilusoria’.  

Más adelante, continuando por el recorrido de la ilusión, vemos cientos de objetos originario de China siendo rifados en todo tipo de actividades (tiro al blanco, adivinación de tu peso o edad, equilibrio…). Mientras, por un lado, se gasta indiscriminadamente dinero a favor de un fin estético absurdo; por otro, se crea la ilusión de que ‘el verdadero origen de cada pieza que simboliza a un personaje’ tiene su espacio solamente en un entorno como ese. Mientras en el fondo, la realidad es un montón de niños orientales tejiendo y trabajando más de las ocho horas reglamentadas, en un país sostenido por un sistema de explotación laboral.

Una realidad vacía de realidad, donde no existen los estragos industriales y comerciales del Otro mundo. 

Entonces entramos, ya no en este lugar (que de hecho sí es posible encontrar, nada mas que nosotros no lo hicimos), a una sala abarrotada de maquinas de destreza (arcade). La mayorías, sino es que todas, eran un simulacro. Unas con fines deportivos, en donde se puede patear un balón, encestar otro, andar en una bicicleta o montar una tabla de surf, mientras en la pantalla se recrea en forma de animación un mundo, bastante similar al nuestro, pero falso. Incluso existe un simulacro de bombero, que consiste en pesadas mangueras apuntando a una pantalla en donde se apagan diferentes incendios y se salva la vida a todo tipo de personas. Sin contar los ya típicos: simulacro de policía, militar, chofer, guerrillero y psicópata. Todos llevando al espectador/consumista a un espacio en donde, por una monedas, puede entrar en la piel de otro sin dejar de ser él. Ser soldado, extremadamente valiente, pero sin arriesgar la vida. Slavoj Zizek dice en una entrevista: consumir, sí, pero con miedo a que este consumo tenga consecuencias perversas en nuestra persona.

Pero volvamos al primer espacio.  

Entonces llegan los grandes atractores (en teoría del caos estos serían ‘atractores extraños constantes’): los juegos mecánicos, los de gran velocidad. Esos que requieren tres horas de fila por cincuenta segundos de recorrido. El montaje, en un principio, es el de recrear la intención del juego (espacial, de aventura salvaje, futurista, deportivo…), luego, en un nivel más allá del mismo espacio ocupado, el juego de alta velocidad se convierte en un espacio en blanco. Como Martin Heidegger escribiría en su seminario sobre el arte (un espacio en donde ejerce el sujeto su nulidad momentánea), este momento de velocidad extrema es una nulidad del sujeto pensante. No hay mucho qué hacer allá arriba, cuando todo pasa tan rápido. La mente se detiene, deja de pensar, es decir, deja de ser mente. Se baja y todo se ha quedado allá arriba. Lo bueno es que no estamos solos: es lo que Michel Maffesoli denomina la acción de ceder el yo subjetivo por un yo colectivo.  

Siempre se puede volver, como yo lo hice, a uno de estos lugares en donde el mundo pasa de manera lenta y animosamente. Todos son amigos de todos, y parece el espacio no terminará nunca de sorprendernos. En donde las ilusiones cobran un peso mucho mayor que el desierto allá afuera. No lo digo porque piense que algún niño no merezca ir a Disneylandia, incluso un adulto frustrado, sino que eso nos muestra, de manera ampliada, la manera en que las sociedades, incluso todo un país, se han dirigido en su cotidianidad. Es decir, la construcción de castillos de arena sobre la ambivalencia del mundo actual (o la modernidad actual, en términos del sociólogo alemán Ulrich Beck), en donde en un solo espacio converge lo que Robert Musil denominó “el manicomio babilónico”. Es la bienvenida a la orgía total.

Si Norman Mailer viviera, y tuviera que escribir una nueva versión de Los ejércitos de la noche, no cambiaría nada de esa parte sobre una generación que no cree en la guerra, pero sí en brujas.

 

 

Posted by: Juan M. | Enero 9, 2008

El tomate perfecto: Darwin en el supermercado

 

Cuando Darwin compraba su verduras, si algunas vez lo hizo, nunca pensaba en que la selección natural de la que hablaría unos años después ya estaba ahí presente. Su mano curiosa buscando el tomate perfecto, dejando atrás aquellos que no cumplían con el requisito de ser comprados. Escogiendo a unos cuantos supervivientes sólo por su forma y color. Dejando otros por estar aplastados o pequeños, o muy verdes o negros. El tomate perfecto no es la búsqueda platónica de un tomate ideal (que probablemente ni siquiera exista) sino aquél que supere a los otros. Que sea comprado ya sea porque el movimiento natural ha empujado a los destacables al fondo (una muerte lenta pero segura) o porque, en su efecto, ese tomate es el mejor de la camada. La búsqueda concluye cuando nos hemos hecho a la idea de tener los mejor tomates. Y, entonces, partimos con un falso orgullo de satisfacción.

En algunas ocasiones compraremos tomates porque, de un vistazo perdido, hemos visto su bello color envolviéndonos de una manera que nos convence y los llevamos. En otras, cuando es necesario llevar y la variedad es sumamente pobre, escogemos los menos peores. Aquellos sobrevivientes de una larga estancia en la trastienda. En otras tomaremos los que a simple vista destacan de los otros, sin ninguna búsqueda exhaustiva o metódica. El tomate perfecto, entonces, habrá de quedar ahí, entre los anómalos, esperando a la mano curiosa de un darvinista que visite el supermercado.

Posted by: Juan M. | Diciembre 27, 2007

Tú y el caos

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 El caos no inició con Homero. Me refiero al término, al concepto: la idea detrás. El caos no lo comenzó nadie, él ya estaba ahí, siempre. Cuando caminamos en la calle, con nubes en el cielo, automóviles andando de un lado a otro. Ahí está, (im) perceptible. Y mejor aún, cuestionando. El caos es una pregunta abierta a la historia y la percepción de ella misma.

Con el renacimiento y la propagación de las ideas judeocristianas, al humano se le colocó en el centro de todo. Dios mandaba al hombre y el hombre al mundo y todo lo que venía dentro. Animales, climas, tierras. El planeta al servicio del humano. Esto es el antropomorfismo. Con esto no quiero decir que el paradigma humanista haya cambiado, o se encuentre dentro de esta transición holística de la que escribe Fritjof Capra. Algunos muy arriesgados así lo hicieron, en donde encontramos, por ejemplo, la época de Acuario. James Lovelock también es un claro y preciso ejemplo.

Al final, creo yo, todo es una tautología. La tautología de la modernidad frente a la posmodernidad (que creo debe de comprenderse en términos de Habermas -la modernidad como proyecto inacabado- pero pensando como Marc Augé. Es decir, la sobremodernidad, una tautología de la modernidad exagerada).

El caos es esto. Es la posibilidad de pensar de nuevo lo mismo. Una paralaje de lo Real. Es cuestionarse desde dentro. El caos nos reduce a ser un pequeño factor en un mar de posibilidades. Una respuesta entre muchas. Pero también nos lleva a considerar el yo como un todo: la grandeza de ser pequeño.

Tú y el caos, es decir yo, es decir nosotros: todos.

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Posted by: Juan M. | Noviembre 24, 2007

Un recorrido por la ciudad fractal.

 La planeación urbana y la primera ciudad fractal, contra la ciudad fractal vista desde lo social

El término ciudad fractal fue por primera vez utilizado por los urbanistas, pero no de la manera en que lo haré aquí, sino desde la planeación y diseño urbano.

Nikos Salingaros, diseñador urbano, contrapone la ciudad fractal con la que surge después de la masificación del uso del automóvil. La ciudad fractal, dice Salingaros, tiene como punto de inicio al peatón, mientras que la ciudad automóvil o ciudad dormitorio (esta última surge con la industria, que acomoda a la empresa, los hogares y el abastecimiento a favor de la fácil comercialización y producción) parten de la dinámica interacción de los miembros de la ciudad.

  Esta es la figura que Zarza utiliza para representar a la ciudad fractal

Esto puede ser un inicio, pues la ciudad fractal trae un renovación de contemplación de la ciudad, como remarca Daniel Zarza en su tesis Una interpretación fractal de la forma de la ciudad: “A medida que la sociedades avanzadas van haciéndose más complejas y se van introduciendo mecanismos descentralizadores y de participación pública, estas visiones globalizantes y totalitarias van progresivamente colapsando. La nueva comprensión de los sistemas complejos, de la teoría del caos y de los fractales iniciada por B. Mandelbrot a principios de los ochenta obliga a replantearse desde nuevas bases los fundamentos del planeamiento a medida que aparecen nuevos métodos de manejar la complejidad [...] La forma de la ciudad es cada vez más compleja y no puede ser reducida a una única dimensión como ha sido habitual en las pasadas aproximaciones cientifistas”. Aunque mi punto no es partir solamente de la planeación fractal de la ciudad, Zarza propone algo que es importante desde cualquier punto en el que se analiza la ciudad: complejizarla y renovar las visiones cerradas y monolíticas.

Aunque el término sigue estando muy lejos del que se utilizará aquí, el crédito, por un lado, de conceptualizarlo; y por otro, complejizar las múltiples dimensiones de la ciudad.

Aproximándonos: desde la teoría de sistemas

Lorenzo Ferrer es un fiel creyente de la teoría de sistemas, y escribió un libro esencial para comprender su practicidad: Del paradigma mecanicista de la ciencia al paradigma sistémico. Ahí propone un cambio radical en la manera de resolver problemas: verlos como sistemas en los que sus partes interactúan de manera esquemática. Ferrer toma parte de sus propuestas del biólogo James Grier Miller y su libro Living systems, que divide a los sistemas en niveles de complejidad (N1=células, N2=órganos, N3=Organismos… La ciudad, de acuerdo con esta escala se encuentra en el último y más complejo nivel).

Es importante Ferrer en este punto (hago un paréntesis, porque Ferrer no es el único en hablar de esto, ni siquiera sería el más destacado, pero su escuela establecida en Valencia es la que mayor contacto ha tenido con Juárez) pues propone el análisis de sistemas (creyendo en la ciudad como un sistema) desde la interacción y modificación de sus partes en diferentes escalas. Por lo que en la ciudad fractal (Juárez) la industria maquiladora es un elemento de sistema (Ferrer les llama subsistemas) que influye de manera totalizante en los demás componentes -subsistemas- (con esto nos asomamos a la fractalidad de la industria maquiladora en la ciudad).

Ferrer no utiliza la fractalidad en sus modelos de sistemas, pero de alguna manera conecta los niveles materiales (es decir físicos, como la ciudad) con sus componentes sociales (artificiales), estudiando los escenarios e interacciones posibles.

La ciudad fractal sigue estando lejos, pero poco a poco nos aproximamos a ella.

La teoría del caos y el surgimiento del fractal

En el libro Las rebelión de las formas, Jorge Wagensberg identifica, como un buen neo darvinista, tres selecciones de supervivencia de las formas. Una es la fundamental, dedicada completamente a los seres no vivos; la natural exclusiva a los seres vivos no humanos; y la cultural, toda creación proveniente del ser humano. Rescato a Wagensberg porque identifica la fractalidad en diferentes escalas (o niveles de acuerdo con Ferrer), entre ellas la humana. A diferencia de Lorenzo Ferrer, Jorge Wagensberg sí habla sobre el fractal y lo asocia con la creación cultural. Benoit Mandelbrot, uno de los más grandes exponentes del fractal, nunca les asoció la interacción social.

Dentro de su sistema de las selecciones, el fractal se encuentra en cada una: tanto árboles como esqueletos de animales, pinturas y diseños arquitectónicos. Wagensberg hace un recorrido por la arquitectura española y encuentra cientos de fractales artificiales. A diferencia de los diseñadores urbanos, Wagensberg lo adjudica a una creación cultural, abstracta de la mente humana, y no como una tendencia de planeación.

 Jorge Wagensberg

La visión sigue estando alejada, aunque comparte la idea del fractal, no como una resonancia extensiva[1], sino como una figura constante

La ciudad fractal

Pero entonces ¿en qué consiste esta ciudad fractal? La ciudad fractal no es una ciudad específica (como lo identificaron los planeadores urbanos); no se puede decidir cuál y cuál no es. La ciudad fractal es una postura de visión a la ciudad en su complejidad. Pues consiste en verle en partes, fragmentarla, pero buscando la totalidad en cada una de ellas. Es decir, si esquematizamos a la ciudad en apartados, y en uno colocamos los medios de comunicación o la planeación de las calles, entonces seríamos capaces de encontrarle en su totalidad por la misma ciudad es auto referencial.

Los periódicos, por ejemplo, dicen todo lo que es la ciudad, y lo que no lo dicen lo dicen por su silencio. Por lo que podríamos tomar los medios de comunicación locales y encontrar a la ciudad en su totalidad. En este caso, coger un periódico nos lleva a ver la fractalidad de la industria maquiladora. Talvez parezca tendencioso, pues podríamos terminar encontrando lo que queremos buscar. Lo que torna la postura del investigador en un ejercicio complicado, pero no imposible.  

Aunque el punto aquí es buscar la fractalidad[2] (es decir la autosimilitud) de la industria maquiladora en la ciudad moviéndose por medio de resonancias que llegan a la totalidad de la ciudad. Es decir, tomar en fragmentos[3] la ciudad y ver cómo dentro de cada uno se encuentra la maquiladora.

Como la historia de ambas corre de manera paralela y entremezclada, es necesario ver a la industria maquiladora en Juárez como una industria total. Es decir, extendida a lo largo de la política, lo económico, lo social, lo urbano, etc. Dándonos cuenta que la fractalidad se mueve por medio de índices de incidencia o resonancia, en donde la industria maquiladora, por su relación histórica y económica, tiene gran impacto.

La industria maquiladora: la figura de una ciudad fractal

Las grandes avenidas de la ciudad, el tránsito de frontera por parte de grandes camiones de carga, gran cantidad de zonas residenciales que se ubican cerca de zonas industriales, un importante número de escuelas universitarias técnicas ofreciendo programas de ingeniería. Esto por un lado, por el otro: oleadas enormes de migrantes del sur y centro del país, horarios y ritmos marcados por los horarios y ritmos de la maquiladora, diseños residenciales en masa, etc. Siendo más arriesgado: medios de comunicación morbosos, índices de violencia y asaltos crecientes, tránsito ilegal hacia los Estados Unidos, drogas en cantidades exorbitantes.

Con esto no me refiero que la industria maquiladora sea la causante de todos los males (ni que de ella emanen fractalmente todos estos problemas), pues hay que admitir sus numerosas ventajas, pero si tomáramos cada uno como un fragmento (no como un abstracto, puesto que no lo es) encontraríamos que, como una cadena de causa y efecto, la fractalidad de la maquiladora incide de alguna manera en él.

Cada investigación arrojará datos diversos, pero ninguno negará la realidad de que la industria maquiladora no solamente es una red (sistema), sino todo el complejo de la ciudad. La industria, como se ha visto en clase, ha utilizado las redes empresariales para flexibilizar su producción, pero pobremente esto se queda como una interacción empresarial. La ciudad fractal, la fractalidad, la resonancia fractal y la industria total rebasan la visión comercial y/o empresarial de la industria para perturbar lo social. 

Por ejemplo, Marilyn Starthern, antropólogo norteamericano, relaciona la fractalidad con la alienación marxista en donde el empleado produce algo que no conoce, lo que lo aliena, causando del capitalismo simbólico una fractalidad entre el sujeto y el objeto producido. Como analogía a este ejercicio, la aportación de Starthen sirve para observar los objetos como auto referencia, es decir fractal.

Al igual, el antropólogo Christopher C. Taylor utiliza dos conceptos que bien se adecuan a este trabajo: la persona fractal y fractalidad. El primero surge como un concepto que refiere a lo incompleto e inestable de un sistema; mientras el otro niega el azar, y las causas y efectos son esenciales para su comprensión. También rescato de Taylor, en su ensayo Fluids and fractals in Rwanda: order and chaos, la fractalidad no como una visión matemática de la realidad, sino una analogía de lo socia. Y esto por que es lo que he hecho aquí. 

Conclusión

Al hablar de la ciudad tocamos un punto que se refiere a la primera gran frontera. Porque es un laboratorio (por dar un nombre propio) a escala mayor como para ser colectivo, pero menor para ser cierto. Es una esfera con líneas de división marcadas fuertemente (hablo del caso de Juárez, que se mantiene de esta manera), a diferencia de un país o el mundo. La ciudad es un sistema completo de acceso simple.

La fractalidad, por esta parte, se aplica a sistemas que van en aumento de complejidad: si se habla de un sistema biológico también se le hará de uno familiar, a uno social, a uno político, a uno internacional. Es decir, si Juárez tiene fractalidad también la tendrá México, y el continente, incluso el mundo

Como conclusión seguiría en la insistencia de tres apartados: la complejidad de la ciudad para poder verla en su totalidad; la fractalidad o resonancia fractal para identificar la manera en que los componentes se trastocan, modifican y alteran entre sí; y, por último, la industria total como un concepto en donde el componente industria es el de mayor acción e influencia en los demás.

Sin duda, son los teóricos de sistemas los que mejor han podido desmenuzar la fractalidad de un sistema por medio de la esquematización de sus componentes, aunque no utilizan propiamente ese concepto. Igual los antropólogos del caos (escuela exclusivamente estadounidense), quienes abiertamente han llevado al fractal a instancias completamente sociales. Si he dejado afuera a esta última de un análisis más pormenorizado, es por ser bastante nueva, lo que hace exclusivista su acceso. Por lo que sólo he introducido a dos autores que, de hecho, utilizan el concepto de manera bastante específica.


[1] Es importante remarcar que el concepto de resonancia es esencial en este trabajo, pues la fractalidad se mueve por medio de resonancia, por eso logra llegar a la totalidad de la ciudad. Mientras Wagensberg le ve como una creación subjetivista, casi artística, de la figura/objeto, mientras aquí la fractalidad es cotidiana y colectiva.[2] La fractalidad, parafraseando el concepto de fractal, se refiere a qué tanto es posible encontrar “huellas” de, por ser el caso, la industria maquiladora. Esas huellas están a lo largo y ancho de la ciudad, y llegan tanto a lo físico(diseño, arquitectura) como a los artificial (social).[3] Con esto no trato de abstraer las partes de la ciudad para mandarlas al laboratorio a ser analizadas, sino de ver su totalidad desde ángulos: complejizarla. Con la industria maquiladora creo pertinente hacer esto, pues Juárez ha sido históricamente espacio de la maquiladora, y desde sus inicio hasta hoy, esta fractalidad de la industria se ha extendido a lo largo de todos los rincones. 

Posted by: Juan M. | Julio 29, 2007

La manzana de Newton, el universo de Poincaré

Cuando la manzana cayó sobre la cabeza de Newton, el gran físico nunca volteó hacia el árbol que la sostenía. Simplemente se paró y se marchó. Aunque algunos biógrafos afirman que en 1820 el árbol fue cortado y sus restos guardados celosamente en algún lugar de la granja familiar donde se encontraba, Newton se inspiró de un árbol que bien pudo haber sido una pared sostiéndo una jaula vacía. Ni la manzana ni el árbol importaban, sino la caída de un cuerpo cualquiera atraído por lo que llamó fuerza de gravedad.
Ya después de 1666, Newton imaginaba al universo como una máquina de reloj que se mueve por engranes gracias a la gravedad. La manzana, el árbol que la sostenía e incluso él, el gran científico, eran mínimos en la imponente perfección del todo. Los planetas y el sol se atraían y repelaban, generando de esta manera un movimiento perpetuo: un péndulo al vacío que va de un lado al otro eternamente.
El universo ordenado de Newton era perfecto si el tiempo y la influencia de los demás cuerpos no existieran. Poincaré sabía esto, por eso si la manzana hubiera caído doscientos años después en su cabeza él estaría esperando la caída de las demás manzanas hasta que la semilla de una, tragada por la tierra, creara un pequeño manzano. El universo de Poincaré seguiría esta línea.
Cuando Newton ideó lo que sería la teoría de la gravedad y las leyes del movimiento, nunca se imaginó que los demás cuerpos también generaría fuerza entre sí. Por eso la manzana cae: el tiempo la hace madurar, debilitando la delgada extensión con el árbol, hasta que un buen día el viento la tira. Lo mismo pasará con el universo, dice Poincaré, pues los pequeños cambios que se generan por atraerse entre sí crearían un efecto mariposa. El aleteo de una mariposa en Brasil tumba una manzana en Inglaterra, o un pequeño cambio generado por la atracción de un cuerpo provocaría el desmoronamiento del universo.
Es decir, la sutileza de los movimientos genera reacciones impredecibles: desde el universo en movimiento hasta la manaza que cae. Uno cree en el orden perfecto, el otro en desorden inevitable.

Al terminar la era del determinismo científico, los sistemas que nunca habían sido tomados en cuenta como ejemplos de la situación actual de la física obtuvieron un papel protagónico indiscutible. Un grifo de agua goteando, los remolinos de humo, las corrientes de agua en un río, la forma de las nubes. Sistemas no lineales que, sometidos en el tiempo, se vuelven aún más impredecibles. En otras palabras: todo sistema en movimiento tendería hacia un atractor natural (como puede ser el fondo cónico en un lago o un precipicio, para tomar un ejemplo claro), pero un sistema no lineal se dirigirá a lo que se llama un atractor extraño, un lugar impredecible en el espacio. El sistema no lineal es sometido a tantos factores que lo determinan volviéndolo tan incostante como para llegar a dudar que pueda ser repetido de la misma manera (a esto se le llamará caos).
Un remolino de humo generado por un cigarro se moverá salvajemente en el viento, convirtiéndolo así en la victima de los miles de factores que flotan: un atractor extraño aparecerá en algún lugar del cuarto en donde el humo surge. Incluso se podrán tomar patrones de los recorridos pasados, pero nunca serán lo suficientemente precisos como para predecir cómo y cuándo girará el humo de un cigarro.
Ivar Ekelan, en su libro El Caos, explica la acción de un sistema lineal por medio de un titere que gira gracias a un remolino con pequeños departamentos que se llenan y vacían con arena, haciendo impredecible cuántas vueltas dará hacia la izquierda y derecha. Donde incluso un grano de arena más en uno de los departamentos generará un ciclo diferente a los anteriores.
En situaciones microscópicas, un electrón más pesado a otro podría generar un cambio radical en el recorrido de un sistema. Sólo que sometido a un lapso muy corto el cambio es imperceptible. Es necesario un recorrido más largo en el tiempo para observar cómo es considerablemente diferente. Así sucedió con el meteorólogo Edwar Lorenz, quien observó cómo dos acciones introducidas en un ordenador variaron en unas cuantas horas sólo por cambiar algunos decimales en ciertos resultados. Lorenz llamó esto “el efecto mariposa”.
Es la reflexión de un sistema donde todas sus partes, incluso las invisbles, son determinantes en sí mismo. Haciendo de cada sistema un entramado complejo donde cada parte es determinante.
Lo invisible.

Posted by: Juan M. | Julio 29, 2007

El mundo ordenado del caos


Primer caso
Fue en la expedición del H.M.S. Beagle donde Darwin por fin tuvo los argumentos físicos para su teoría sobre la selección natural. Le tomó más de veinte años, y unos más para que se le reconociera su aportación, para terminar de ordenar las ideas que surgieron después de investigar por tanto tiempo. En 1859 su obra, El origen de las especies, se darwin_portrait.gifagotó el mismo día de la publicación. Fenómeno poco común para un libro de su tipo, pues a simples rasgos la obra plantea cómo las especies han evolucionado por medio de la competencia con sus iguales, extinguiendo al débil y perpetuando al fuerte.
Diez años antes de la publicación, Marx y Engels lanzaban la bomba del Manifiesto del partido comunista que ponía en jaque la hegemonía burguesa de los países occidentales. Enfrentaba, en una dialéctica ya poco original, al proletariado con su contraparte natural: la burguesía.
marx.jpgDarwin no estaba muy lejos de este mecanismo de movimiento, pues ambas obras veían en el conflicto la fuente de acción y creación; sólo que para Darwin aún faltaría mucho para dar esta teoría por sentado.

Segundo caso
No creo que Darwin esté totalmente superado, pues una teoría tan bien organizada es difícil abatirla con un par de movimientos de mano. Conozco gente que no cree en la teoría de la gravedad, por ejemplo, pero aún no hay nada superior a eso.
Newton sobrevive porque no hay algo mejor que él. Darwin igual. La selección natural ganará la guerra por la supervivencia de la que ella misma habla.

Tercer caso
La microbióloga Lynn Margulis escribió, hace tiempo ya, un libro que buscaba el mismo objetivo de la teoría de la selección natural de Darwin, pero por otros medios. Ella pensaba que la vida se había abierto camino no compitiendo por sobrevivir, sino, al contrario, cooperando. Buscó en las primeras bacterias, y encontró que ellas se habían estructurado juntas conforme el ambiente cambiaba y, de esta manera, se modificaban para sobrevivir. Este primer compuesto, que por sus nuevos componentes modificó su alimentación y organismo, la llamó “la primer célula nucleada”.margulischeadr.jpg
Margulis cree, desde la microbiología, que el mundo se compone por organismos (o sistemas) que sobreviven cooperando entre sí. Contraponiéndose a la idea darviniana de que una especie crecerá infinitamente hasta ponerle un freno; la microbióloga se inclina en pensar en un balance cooperativo donde sobreviven los primeros en acomodarse dentro de él.
Stephen Jay Gauld, evolucionista por excelencia, trajo a occidente las ideas del ruso Petr Kropotkin, quien veía en Darwin, a diferencia de la gran mayoría de sus interpretes, una conciencia de colaboración entre las especies, la cual les aseguraría un lugar en el proceso evolutivo.
Margulis escribió Microcosmos, el libro donde plantea su teoría de cooperación, en colaboración de su hijo; Darwin solo, luchando contra los grupos religiosos y los científicos clásico.

Cuarto caso
James Lovelock nació en la Gran Bretaña, y colaboró con Lynn Mangulis en diferentes investigaciones; es un científico que su influencia se ha extendido a niveles inimaginables (sus teorías se han popularizado en los grupos New Age característico de esta época).
Lovelock va más allá de los propuesto por su ex compañera de investigación, él cree que no sólo los componentes del mundo han sobrevivido por su colaboración mutua, sino el mismo mundo es una forma de vida interconectada todo sistema dentro de ella. Lovelock la llama “Gea: el mundo como, dice Lewis Thomas, una “célula única”.lovelock.jpg
El balance de Margulis y la competencia de Darwin son llevados a un punto estratosférico, pues todo se conecta de manera tan simple, e incluso lo que por mucho tiempo era visto como insignificante, que mantiene un balance ordenado en el gran sistema llamado mundo.

Quinto caso
Edward Lorenz era un meteorólogo convencional que había trabajado para el ejercito durante la Segunda Guerra Mundial. A veces atinado y en ocasiones totalmente perdido. Sabía lo esencial de matemáticas, pero era mejor en computadoras. Le gustaba el café mientras trabajaba, lo que le hacía aún más convencional.
Buscaba, por medio de análisis de variables en el clima puestos en un ordenador, pronosticar el clima con muy poco margen de error y a largo plazo. Sólo que un día de invierno de 1961, cuando analizaba dos recorridos de sus sistema de pronóstico del clima atmosférico, dejó el ordenador un par de horas para tomar un café y cuando regresó encontró que los recorridos divergían uno del otro en algún punto de su recorrido. Lorenz pensó debía ser un error, pues ambos recorridos tenían los mismos datos bajo la misma formula. Al revisar los resultados se dio cuenta que el ordenador había redondeado algunas cifras puestas en el segundo recorrido, haciendo que cada una tomara rumbos diferentes.lorenz.png
Lorenz notó cómo el clima era impredecible, pues un pequeño soplo dentro del complejo sistema atmosférico provocaría grandes modificaciones a largo plazo.
Inaugurando una tradición donde lo invisible se vuelve imprescindible en el sistema.

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